martes, 29 de septiembre de 2015

Relatos Inconexos sobre la dualidad

 
Un duende galàctico
1
Blizz entrò a la casa de Lasvi a los gritos, tomaba una sopa que volò por los aires, al golpear con el puño en la mesa, enojado.
_¡Basta! Hace tres meses que me dijiste que me pagarìas lo que me debès. No veo en ningùn lado el dinero.
Miró furioso a su alrededor, la casa en nada se diferenciaba de las del resto, Lasvi limpiò la sopa retirando el plato roto, mientras explicaba:
_ Te dije una y mil veces. El tipo al que le vendì lo que te debo, no me dio dinero. Lo hice por..., por.....
_¿Porquè?
Blizz volviò a golpear la pobre mesa, gritando como un loco.
_¡Quiero mi dinero!
Saliò de la estancia, dirigièndose a  su habitaciòn mientras decìa:
_ Hice lo mismo con mi deudor. Lo ùnico que me dio fue esto.
Dramàticamente abriò de par en par la puerta redonda hecha de nocito negro, Blizz asomò la cabeza, rojo de ira, insultando a Lasvi, a quien habìa prestado oro, insultàndose por ser tan crèdulo, que a la familia jamàs debìa prestarle dinero o hacer negocios juntos, todas las palabras murieron en sus labios.
Sentada junto a la ventana redonda, ovillando con un huso, habìa uno de esos seres que poblaban el mar, que eran capturados y posteriormente vendidos, un artìculo de lujo, solìan hacer las tareas domèsticas.
Para que no huyan, se les ponìa un collar con piedras especiales que anulaban su magia, la joven saltò asustada.
_No temas. Te presento a mi primo Blizz.
Lasvi tomò un cordòn dorado que se encontraba sobre un aparador, antes que Blizz cerrara la boca, atò el cordòn en la argolla del collar, colocàndoselo en la mano.
_ Tomà es tuya. Vos compràs y vendès. Vendela, vale mucho dinero.
Blizz soltò el tenue cordòn dorado, como si fuera una vìbora venenosa.
_ ¡Perdiste la cabeza!.
_ Llevala, te van a dar un buen precio. En siete dìas es el encuentro de la Luna. Pensaba ir con ella, pero viniste antes._ volviò a dale el cordòn_ Sos comerciante, sabès como se hace.
2
Insultando al primo y a toda su familia, caminò hasta su casa que quedaba a menos de un kilòmetro, entraron por atrás, para dejar la bolsa de nueces que llevaba.
Observò a la muchacha, que no demostraba temor, sino cierta resignaciòn por su estado, no le gustaba tener a alguien allì, aunque su hermana mayor visitaba, traìa a una vecina para limpiar la casa de arriba a abajo, cuestiòn que lo llevaba a discutir con Dosa en cada ocasiòn.
Tenìa que cargar la nave para ir al encuentro nombrado por Lasvi, como nunca tuvo una esclava no sabìa como  proceder.
_ Voy a cargar la nave.
Saliò de la casa hacia el galpòn, llevaba gran cantidad de mercaderìa, la mayorìa en canastos apilados por doquier, incluso bajo la nave.
Con el control  remoto bajò la rampa transportadora, suspirando, porque tenìa que cargar la rampa, subir  a la nave, meter todo en la diminuta bodega y en la cabina, con el detector de peso funcionando, ya que no podìa cargar màs de lo indicado, bueno, un poco màs sì.
Iba por la segunda subida, la muchacha apareciò con el cordòn dorado enrollado en su mano derecha, era como los zigrit (especie de perros del planeta Reidero), sin hablar, fue cargando los cajones, mientras Blizz acomodaba en la bodega, no la ayudò con los màs pesados, en un momento dijo:
_Hasta ahì.
La joven tomò asiento en un cajòn, limpiàndose la transpiraciòn con la manga, regresaron a la cocina, hablò bruscamente:
_ Ahì hay para preparar algo.
Fue a su cuarto con la puerta similar a la de su primo Lasvi, una arcada con una sòlida  puerta de madera negra, se lavò las manos y la cara en una de canilla en la pared, luego abriò un de pequeño gabinete sobre el tocador, hincado rezò durante media hora, entre los agradecimientos, pidiò deshacerse ràpidamente de la esclava.
Al  entrar en la cocina, le sirviò un revuelto de verduras, huevos y carne, bastante pasable, con un gesto le indicò que comiera, obedeciò, en total silencio, con disimulo la mirò, era linda, de cuerpo armonioso, con el color de su pueblo en la piel, con una especie de opalescencia verde azulado.
_¿Para què fuiste entrenada?.
Sin despegar los ojos del plato, escuchò la voz, dulce, delicada, suave:
_ Para el placer.
3
Como Blizz era muy desconfiado, no la dejaba sola, sin pedìrselo, ordenò y limpiò notando que no abrìa cajones, ni se detenìa en sus objetos personales.
Conocìa las historias sobre las que compradas desde el vientre de sus madres, eran entrenadas para dar placer a sus amos, de hecho la mayorìa se encontraban en todas las casas de paz del planeta y la galaxia, esta, no sabìa el nombre, cocinaba, limpiaba, lavaba sus ropas, en total silencio y casi invisible.
Durante el almuerzo preguntò:
_ ¿Còmo te llamàs?
_ Niyara.
Para Blizz la semana transcurriò lentamente, màs de lo normal, irritado con Lasvi, lo cruzò en dos ocasiones en el bar, insùltàndolo, tratàndolo de estafador.
Lo enojaba entrar en su cocina, ver a la muchacha con el huso, cocinando, lavando, fregando los pisos, le parecìa que habìa estado allì toda la vida.
Lo peor de todo, fue cuando si fuera un preso contaba los dìas que faltaban para el encuentro, apareciò su madre, que atronò la puerta casi al amanecer, entrò sin esperar que le abran gritando:
_¡Còmo es que vivìs con una mujer!
Le hizo una seña a Niyara que lo miraba asomada desde la cocina, con el pelo revuelto, cara de dormida, un saquito sobre un vestido corto, durante un nanosegundo vio sobre la cara exterior de los muslos hasta las larguìsimas piernas, las escamas dàndose cuenta la razòn que fuera tapada.
Como siempre era lo mismo, su madre se derrumbò en un sillòn, junto con una prima solterona que siempre la acompañaba.
Tella era obesa, de pèsimo caràcter, mandona, llevaba las cuentas de su familia, creyèndose con derecho a intervenir en los asuntos de Blizz y los de todos, parientes o no
De manera melodramàtica se lamentò:
_ Tengo que enterarme por la odiosa de Brisa.
Se referìa a su hermana del medio.
Sumisamente Blizz relatò lo del prèstamo a Lasvi, casualmente hijo de Brisa, que finalmente pagò con una esclava, para que la venda en el encuentro.
La madre estallò de furia, vituperando a su hermana, hijo y toda la parentela, insultando a Blizz por ser tan tonto.
_¡Te dije que no prestes dinero!
Un poco harto, luego de cinco minutos en los que su madre, escupìa insultos para todos lados, iba a mandarla a la mierda cuando milagrosamente entrò Niyara, con una bandeja, cortando los vituperos de su madre, evitando que Blizz le falte el respeto.
Soportando las miradas, sirviò tistaro una especie de infusiòn, junto con unos dulces y panes, al retirarse, fue detenida por Tella que parada la examinò como a un animal de corral, mirando los dientes y palpando mùsculos.
Mil veces habìa visto esto Blizz, cuando iba por curiosidad al mercado de esclavos, pero esa vez, notò el maltrato hacia alguien que pensaba y actuaba como cualquiera, incluso notò cierto rubor en sus mejillas verdeazuladas.
_ Bueno, te daràn muy buen precio por ella.
_ Màs de lo que me debe, mamà.
De nuevo se puso belicosa:
_ ¡Ni se te ocurra devolverle la diferencia! Cobrale el interès del prèstamo y lo que consumiò la esclava.
Con un suspiro, mordiò una masita, su preferida con anìs y amapola.
4
El dìa que partirìan al encuentro terminò de alistar la nave, la cabina estaba a los topes, casi subiendo por sobre las cajas, Niyara se acomodò en el pequeño asiento del copiloto, que  jamàs nadie usò.
Diez horas màs tarde llegaron al lugar que tenìa asignado para aterrizar, repleto de naves de toda la galaxia.
Entre los dos armaron una carpa en el lugar asignado, durante horas trabajaron acomodando las mercaderìas, hasta que quedò como Blizz querìa.
Comieron carne envuelta en hojas de larut, muy condimentadas y picantes, revolviò uno de los cajones, le arrojò un paquete diciendo:
_ Ponete eso, lavate la cara y peinate. Cuando venga Dosa para atender, vamos al mercado.
Al verla  ponerse de pie como un resorte, comenzar a sacarse la ropa, la detuvo.
_Salgo para que te cambies.
Fumaba un trisc cuando al unìono apaeciò en su nave Dosa con su prole numerosa, besàndolo con cariño, Niyara apareciò, atò el cordòn dorado, echàndole apenas una mirada.
Caminaron hacia el mercado, molesto por las miradas que le echaban a Niyara, hasta que se detuvo de improviso para mirarla, ella chocò, siendo sostenida por Blizz para que no caiga.
Eligiò el vestido sin mirar, porque segùn buscò en la base de datos, los esclavos tenìan que ir bien presentados, aseados, para conseguir un buen precio, lo comprendiò perfectamente, porque era un comerciante experto.
El vestido blanco, muy escotado, con un ridìculo foulard que ocultaba un poco el collar, largo, de hecho Niyara lo sostenìa en su mano derecha para que no se arruine al arrastrarse, transparente, salvo en las partes pudendas, donde habìa dos o tres capas de gasa que dejaban traslucir el inicio de las nalgas, sintiò pudor por Niyara, que soportaba la mirada hacia sus pequeños pechos muy visibles bajo la tenue tela, le puso la capa sobre los hombros.
_Gracias. _ murmurò sin mirarlo.
Llegaron al mercado de esclavos, un viejo con cara de aburrido anotaba los nombres de los vendedores, encontràndose con su primo Lasvi, enfureciò, porque por su culpa estaba en ese lugar, sin su dinero.
_¿Què hacès acà?.
A èl mismo la pregunta le sonò estùpida porque Lasvi, al igual que la mayorìa de su familia se dedicaba a comerciar, de alguna u otra manera
Sin mirarlo, le dijo a Niyara poniendo cara de bobo:
_ Si tuviera dinero te comprarìa.
Como correspondìa ella mirò el suelo, sin responder una palabra.
Lasvi pareciò que iba a decir algo màs, pero sacudiò la cabeza como si no valiera la pena explicarle nada, se fue perdièndose entre la gente.
Los mercaderes de esclavos eran bastantes sucios en los tratos comerciales, Tella mencionò uno, luego de pasada su furia, llamado Laremont, su hermano menor mecànico de profesiòn, relizaba el mantenimiento de la flota del traficante, con lo que hicieron buenas migas.
Ubicò la tarima de Laremont, una de las principales, preguntò a una muchacha que estaba en la entrada, cerca del escenario donde presentaban a los esclavos, señalàndole la parte trasera.
Laremont, resultò ser un hombre joven, de la edad de Blizz, vestido a la moda, con ropa cara importada de Wissoe, marcando un nivel de riqueza superlativo, rodeado de gente con collar, adultos, que los miraron al entrar.
_ Tu madre me llamò. Sentate. Sìrvanos de beber._ dijo Laremont dàndole la mano.
Uno de los mayores, trajo una bandeja con dodel añejo, de la mejor calidad, Blizz mirò con disimulo al esclavo, pertenecia a los seres del aire, pero las alas estaban cortadas, solo tenìa dos largos pedazos, esto le dio mucha impresiòn y cierta incomodidad interior.
Mirò a Niyara que tenìa los ojos abiertos como platos, sin disimular el temor, pero de igual manera le dio el cordòn a Laremont, que sin dejar el vaso, la mirò sin tocarla, evaluando con su ojo experto.
_ ¿Sos virgen?.
La vio sacudir la cabeza en sentido negativo, con las mejillas ardiendo.
_ ¿Tu madre estaba en cautiverio? Contestame con palabras.
Lo ùnico que tocò fueron sus manos, de cuatro dedos, con una finìsima membrana como el ala de una libèlula terrìcola.
_ No. Me dejaron en las aguadas del este. El señor Blizz tiene mi chip.
Laremont sonriò satisfecho, mientras volvìa a servir otra ronda de dodel, que era el mejor que Blizz tomò en su vida, incluso decidiò gastar dinero en comprarse una botella, si no solo trabajaba sin descanso.
_ Tenès mucha suerte, dudo que le prestaras tanto dinero a tu primo, como el equivalente a esta criatura.
Sorprendido por su buena suerte, animado por el fermento del cereal golva, preguntò:
_ ¿Es especial?.
_ Castigaron a su madre, por una uniòn ilegal, o algo referido a la magia de su elemento.
Explicò, mientras de la mesa salìa una especie de ranura, donde colocò el chip de Niyara, aparecieron imàgenes hologàficas, que leyò ràpidamente, hasta que le preguntò:
_Tuviste tres dueños ¿Què pasò?.
_ Todos debìan y fui usada para pagar la deuda.
A Blizz le pareciò que era la mayor  cantidad de palabras que le escuchò decir, claro que èl no le dirigìa la palabra o le preguntaba nada.
Laremont la miraba a los ojos, a Blizz tanto primitivo emocionalmente, se dio cuenta que entre ellos habìa cierta empatìa.
_ La compro._ dijo de pronto. _ Te ofrezco un millòn de leas.
Blizz quedò demudado por la fortuna, la deuda de Lasvi eran quinientos leas, contando el interès, Laremont malinterpretò el silencio y agregò:
_Tambièn te doy una nave mejor que la que tienes, con una verdadera bodega.
_ ¿Tanto vale?.
_ La llevarè conmigo, hasta que me aburra. Una de estas para el placer, que jamàs estuvo ni de cerca en una casa de paz, es un gran hallazgo.
Como Blizz ea un comerciante, pensò que si para Laremont valìa tanto, quizàs debìa pensarlo, esta vez interpretò bien el silencio.
_ Te doy cinco dìas. Igualmente la comprarè.
Terminaron de beber, Blizz tomò el cordòn de oro, saliò del mercado de esclavos, ponièndose al frente del negocio, ayudado en la venta por Niyara, que por su vestimenta atraìa a màs clientes de lo habitual.
_ Dormiemos en la nave, en esta parte del paìs hiela en la noche._ dijo al cerrar, mientras hacìa las cuentas.
Una hora màs tarde subiò a la nave Niyara le habìa preparado un lecho muy còmodo, hasta le sirviò una tisana caliente, orò agradeciendo que su venta se habìa duplicado.
Acostado con las manos detràs de la cabeza,  pensando que usarìa para vender a Niyara durante cinco dìas, luego la venderìa a Laremont, el ùltimo pensamiento fue el vestido que le darìa al dìa siguiente.
5
Los tres dìas siguientes fueron de ganancias fabulosas para Blizz, incluso tuvo que llamar a Dosa para que lo ayude con la venta, Niyara era muy amable con los clientes que al mirarla, compraban cualquier cosa, solo para verla.
Durante un alto que Dosa fue a buscar algo para tomar, su hermano estaba contando el dinero y preparando remitos de envìo.
_ ¿Hace todo lo que le pedìs? _  dijo maliciosamente y saliò riendo.
Durante la noche Blizz terminò las cuentas, sentàndose a cenar en la parte trasera de la carpa, no conectaba con Niyara, simplemente estaba allì, hacìa meses que no visitaba una casa de paz, cerca habìa muy buenas, pero de pronto pensò que podrìa ahorrarse bastante dinero usàndola, tambièn supuso que Laremont harìa lo mismo apenas cerraran el trato.
_ Cuando termines venì a mi cama._ ordenò mientras ella juntaba los platos.
Blizz tuvo tiempo de orar, Niyara apareciò cuando apagò la luz, solo quedaban tres lucecitas rojas que marcaban los mandos de la bodega, al verla de pie, era notable el resplandor fosfoscente de su piel.
_ Desnudate.
Niyara obedeciò, sentàndose en el borde del catre.
_ Acostate.
Blizz era bastante escueto en temas amatorios, solo lo sentìa como una descarga  fìsica màs, por eso se subiò sobre ella, metièndole el extraño pene enorme y curvo dentro, hubo resistencia, pero de pronto reaccionò, pegando su sexo, al de Blizz, contrayendo los mùsculos, gruñendo porque era el ritmo exacto, al eyacular, quedò jadeando sobre Niyara, que se levantò, yendo al baño de la nave.
Al regresar, se colocò de rodillas sobre la cama, mostràndole en toda su plenitud, las nalgas, su sexo pequeño, pasò una mano entre sus piernas, tocàndose, mientras que cerraba los ojos, al verla buscar placer, era algo que jamàs habìa visto, al instante, al escucharla gemir, mientras su sexo brillaba hùmedo, tuvo nuevamente una erecciòn,.
Como hipnotizado, metiò un dedo, ella gimiò, la  agarrò de las caderas, penètràndola hasta el fondo, nuevamente fue todo un tanto brusco, agarrado de sus senos, sintiò como Niyara, aumentaba la temperatura corporal, gimiendo, de pronto algo  de su energìa màgica saliò a pesar de la atadura del collar, atravesando a Blizz.
La masa lìquida de Blizz se moviò, empujando a que eyacule, con un gran placer, desconocido para èl.
Cayò sobre el catre, al instante, Niyara lo higiènizo, con un paño tibio, sin afectar las partes sensibles, luego fue al baño, retiràndose a su cama, la detuvo diciendo:
_ Dormì conmigo.
6
Durante los dìas siguientes Blizz fue feliz, a su modo, la venta era màs que excelente, durante las noches gozaba de Niyara, permitièndole lamerlo, succionarlo, bañarlo, afeitarlo, en fin, recibiendo placer, màs que el que recordaba en toda su vida.
El quinto dìa llamò a Laremot, para informarle que se tomarìa hasta el fin del encuentro para entregàrsela, vio la sonrisa socarrona del traficante, a travès del verdoso holograma.
_ Claro. Espero tu llamada.
Y cortò la comunicaciòn.
Una rotaciòn màs tade (999 dìas terrerstres), aùn conservaba a Niyara, incrementando el capital, por la organizaciòn que significaba en su vida.
Concurriò a encuentros màs lejanos, ella atraìa a los clientes, incrmentando la venta, ocupàndose su comida y sobre todo de complacerlo en la cama.
Llegò un dìa que vendìan cerca del Mar Càlido, uno de los mejores encuentros del planeta, ella preparò la carpa que iba adosada a la nave donde dormirìan, pero luego, fue hasta el borde del mar, sin tocar el agua.
Dejò de contar la mercaderìa, observàndola, con el viento agitando el cabello, miraba lànguidamente su mundo.
Caminò descalzo, sobre  la arena càlida, convivir con algo se refinò en Blizz, al tomarla de la cintura, Niyara apoyò la cabeza en su hombro, era màs alta que èl, que parecìa una cruza de orco y duende.
Parados frente al inmenso mar, del mismo color del cabello de Niyara, tuvo la conversaciòn màs larga, hasta el momento.
_ ¿Quieres irte?.
_ No. Me gusta estar con vos. _ respondiò, abrzàndolo, dàndole la espalda al mar.
_Despuès de años de ahorrar, tengo el dinero para la dote de la novia que eligieron mis padres.
Sintiò la contracciòn muscular, la ùnica demostraciòn sobre sus palabras.
_ Tengo la inteciòn que sigas conmigo. Mi negocio prosperò por tu presencia.
7
Recibiò por primera vez en casa de Tella, a su futura esposa junto con sus padres, Niyara cocinò, supervisada por la prima solterona. tambièn por primera vez, no se alojò en su viejo cuarto, ya que no podìa dormir con la esclava.
Increìblemente, le gustaba dormir con ella, a sentirla abrazàndolo dormida, a besarla por las mañanas, a su cabello finìsimo enredado, a tocar sus muslos con las suaves escamas que tornasolaban con el sol.
Niyara solìa demostrarle su cariño durante el dìa, dàndole un sandwich cuando trabajaba sin descanso, tambièn, solìa sentarse sobre èl durante un instante solo para besarlo largamente en la boca, enredando las lenguas, refregàndose, en esas ocasiones siempre le hacìa el amor, si ya era amor, tambièn le gustaba verla cocinar en su casa, o acariciarle la curva de la espalda, cuando en el negocio no habìa nadie.
La sorpresa fue que su futura esposa se tomò a mal la presencia de Niyara, maltratàndola sobremanera, mostràndose autoritaria, recordàndole al instante a su madre, lo que lo hizo regresar a la nave durante la noche, de ànimo torcido.
Niyara dormìa con la luz prendida, vestida pero con su maravilloso cabello extendido alrededor de la cabeza, acostumbrada a dormir con èl, de manera inconciente lo buscò para abrazarlo, quedò pensando, en el gran contrastae entre su futura esposa y Niyara, quedando favorecida ampliamente esta ùltima.
Claro, que su novia era una mujer libre y esta esclava, para todo lo que èl gustara mandar.
Cavilaba tambièn, que estos pensamientos le hubieran resultado imposibles antes de obtener la esclava, jamàs de los jamases.
A su lado, Niyara, se estirò, haciendo sonar los huesos de la espalda, produciendo un chasquido, para de inmediato, seguir durmiendo, metiò la mano bajo el trapo que usaba para dormir, acariciando la piel suave y a la vez ligeamente àspera de las escamas  que en apariencia protegìan la columna, aunque eran un adorno.
Hizo algo impensado, rascò suavemente la espalda porque sabìa que le gustaba mucho, como si fuera un huci del planeta (especie de gato) que disfrutaba de  la rascada, solo le faltaba ronronear, supo que bajo esa inocente rascada ese ser, disfrutaba, plenamente.
_ Es muy placentero. _ murmurò con su voz suave.
La rascò durante varios minutos, hasta que ella se sentò en la cama, sacàndose el trapo, subièndose sobre Blizz, que la miraba casi en èxtasis por la belleza de la esclava, con su brillo verde azulado.
Permitiò que lo cubra de besos, sintiendo sus pechos sobre el torso desnudo, largamente se detuvo en la boca, mientras muy despacio se introdujo el pene dentro, gimiendo entre sus labios, movièndose despacio, buscando el placer lentamente, como si prendiera una brasa, muy de a poco, hasta que Blizz, si el mismo Blizz sintiò como algo salìa de èl.
Algo màs que sus fluìdos para inseminar y continuar con su linaje, algo màs profundo, algo de èl, una emociòn, un sentimiento, que llevò a sentarse en pleno orgasmo, abrazarla buscando los labios, con cierto gusto a mar o eso le pareciò.
Aùn unidos, sentados en el catre de la nave, Niyara apoyada en su cuello, abrazàndo su cuerpo flaco, pero de fuerte contextura, como todos los hombres de su planeta, murmurò:
_ Si te causo problemas, vendeme, Falta poco para el encuentro de traficantes de esclavos.
Sin salir de ella, la dio vuelta, quedando arriba, buscando sus labios de nuevo.
_ No. Sè que esto es porque sos mi esclava, pero me gusta convivir con vos.
Niyara lo mirò acariciando el rostro, con cariño, los ojos brillantes, casi del color del pelo y del mar.
_ A mì tambièn, me gusta nuestra convivencia.
8
Tres meses màs tarde, aterrizò la nave frente al mar, en el exacto lugar que la vez anterior que acudìa al encuentro, al abrir la rampa, la alzò en brazos, no la bajò hasta el momento en que pisò la arena, tibia, por el efecto del pequeño sol en pleno verano.
Como para Blizz la verdad era màs alucinante que la imaginaciòn, la tomò de la mano, caminaron hasta el borde del mar, acomodò el cabello detràs de las orejas, porque el viento lo agitaba, de manera constante.
_ Me casarè, porque ese es nuestro mandato. No sè porque te digo esto. Por esto es, que los hombres vivimos solos tanto tiempo, para aprender a comerciar, como lo hace mi familia  hace generacines. Pero aprendì algo màs, Niyara.
Callò porque las palabras tiernas, que salìan desde adentro, eran costosas para que Blizz las exprese, debìan atravesar varias capas de la dura corteza, que envolvìa su cuerpo emocional.
Niyara lo besò en la mejilla, no eran necesarias las palabras, junto al mar, a pesar del collar, con las piedras atada màgicamente, el resplandor era muy notorio, asì como un extraño perfume salino, como de alguna planta marina, que olìa en los mercados del  puerto.
La besò, dulcemente, sin requerimiento, ella tenìa ese aroma, mientras con sus manos, maniobrò con el collar, hasta desprenderlo, Niyara retrocediò con gesto de temor, tomàndose con ambas manos la garganta.
Con ese miedo en los ojos, observò como Blizz, sacaba el lazo dorado, el chip que la acompañaba, su record personal, arojando todo sobre la arena, al que sumò el collar, sacò su pistola de iones, quemò todo, en un segundo las cenizas, por el viento, fueron esparcidas hacia el mar.
Al mirarla, de los ojos de Niyara manaban làgrimas translùcidas, al resbalar sobre su piel, ahora mucho màs brillante, parecian gotas de aguamarina.
_ Tengo que decirlo, aunque ya te diste cuenta. Sos libre.
Sin acercarse, sus pies tocaron el mar, algo sorprendente ocurriò, fue cubierta por completo por el resplandor verde azulado, a la vez que un remolino imposible por la pequeña cantidad de agua a sus pies, la cubriò.
Al instante cayò, Niyara con toda la potestad de su elemento, muy hermosa, màs real, por lo menos para Blizz, lo abrazò y besò, la energìa del agua, que movìa convicciones arraigadas profundamente, lo atravesò.
Supo que Niyara por una extraña razòn lo amaba, quizàs por la costumbre.
_ Crecimos juntos. Sos mi roca sòlida, tambièn mi libertad, Blizz
Hasta la voz sonaba diferente, profunda, sensual, a la vez càlida, comprendiendo los cuentos de los marinos sobre esas voces que los atrapaban, eran legendarias en toda la galaxia.
Se desnudò, el cuerpo resplandecìa, se miraba las manos, como sorprendida, se tirò a sus bazos, para besarlo, de manera inconciente, ambas manos fueron a sus nalgas, hicieron el amor despacio, el placer era algo que siempre sorprendìa al concreto Blizz.
_ ¡Què bien me siento! _ expresò con una felicidad casi infantil.
Durante cuatro horas se amaron, hasta que ella se levantò, corriendo hacia el mar donde se sumergiò, Blizz quedò por espacio de media hora mirando el agitar suave del agua.
Subiò a la nave, poniendo rumbo a la casa de sus padres, donde lo esperaba su novia y una nueva vida.
Epìlogo
Veinte rotaciones màs tarde, Blizz vendìa sus cosas en el mayor encuentro del planeta, donde acudìa gente de toda la galaxia, incluso de planetas muy lejanos como la Tierra misma.
La multitud acudìa a las numerosaas carpas del gran encuentro que duraba dos semanas, con una enorme variedad de espectàculos, cantantes, vendedores de comida.
Con su mujer pasò rotaciones discutiendo hasta que le dejò todo, yèndose a vivir solo, sufriendo el escarnio de la aldea y de su familia.
Con el tiempo sus hijos se acercaron, pero jamàs hablò sobre la prisiòn emocional en la que vivìa, solo escuchaban hasta el cansancio por parte de su madre que no tenìa sentimientos, que todo le daba lo mismo, que para lo ùnico que servìa era para acumular dinero.
Dos de ellos, trabajaban con èl, a pesar que su caràcter era imposible, que la madre tenìa parte de razòn ya que vivìa para trabajar y gruñir.
El encuentro funcionaba mejor de lo esperado, sus mercaderìas eran buscadas por el excelente precio y màxima calidad, pero a pesar que durante los tres primeros dìas de venta habìa recuperado lo invertido, ya todo era ganacia, la cara torva de Blizz, sus parcas respuestas no cambiaban.
El quinto dìa, hubo un gran recital de mùsica, su hijo mayor fue a ver ya que durante un par de horas la venta mermaba, Blizz y el segundo hijo un joven, llamado Ramuti de carácter alegre, que chocaba de manera constante con el de su padre y hermano mayor, pero se querìan y toleraban.
Blizz comprò dos cervezas,  al traerlas  lo ayudò para la reposiciòn, de unas bolsas que estaban fuera del puesto en una especie de trailer.
Mientras buscaba en la bolsas, escuchò una discreta tos a su espalda, un poco harto de atender gente, que le hacìan todo tipo de tontas preguntas, que a veces respondìa y a veces no, aùn con el chop en la mano se dio vuelta dispuesto a ladrarle a quien sea, pero quedò literalmente paralizado al estar observando a Niyara.
Tenìa el cabello hasta la cadera, atado en la punta, claramente no era una niña, pero la magia detuvo crecimiento en unos treinta años, hermosìsima y lo miraba tan sorprendida como èl mismo.
Durante casi un minuto se miraron para luego abrazarse, Blizz escuchò en su oìdo:
_ Perdòn Blizz por no venir a buscarte
_ Tampoco te busquè.
Aùn abrazados, hablò con esa voz encantadora de marinos:
_ Tuve muchos amantes, novios, me ofrecieron y regalaron de todo, menos lo que me diste vos.
_ ¿Què? _ preguntò con su sequedad habitual.
_ Libertad.
Durante un segundo se miraron, Niyara era màs alta, al menos una cabeza, los labios se unieron larguìsimo rato,  tocàndose mutuamente, hasta que escucharon:
_ ¡Oh!
El hijo menor los miraba, pero lo que màs lo sorprendìa era la expresiòn de su padre, radiante, su madre tenìa razòn y no a la vez.
Porque Ramuti, se dio cuenta que su padre amaba a esa extraña mujer, bella, que lo mirò riendo en voz alta, para despuès decir con un musical acento:
 _ Tu hijo piensa que me amas.
_ Metiche elemental, es cierto.
Para sorpresa de Ramuti, su padre riò a carcajadas y besò a la elemental.

lunes, 21 de septiembre de 2015

De Relatos Inconexos sobre la Dualidad

La opresiòn.

1
Despertò sin sobresalto, la noche anterior la debilitò, por eso tardò en levantarse, pero sobre todo en abrir los ojos porque el llamado cuarto rojo, no le gustaba para nada.
Tenìa una tècnica para no verlo, levantarse miràndo los pies desenfocando el entorno, recogiò las ropas, pero solo se puso el vestido, como lo conocìa de memoria, pudo abrir la puerta sin ver el terciopelo rojo que cubrìa las paredes, la cama con sus sàbanas y manta de piel tambièn rojos.
Cerrò la puerta, apoyàndose en la pared con alivio, al instante se preguntò si esperaba alguna de esas noches, no despertar.
Cada vez màs seguido la idea de la muerte rondaba su cabeza, saliò de la casa, los custodios y sirvientes la dejaron pasar, salvo por la  joven mucama que la saludò con un beso, ponièndole algo en el bolsillo de la falda, saliò tomando el camino hacia la casa, al meter la mano, dos ciruelas, de los frutales del castillo.
Recibiendo los primeros rayos de la mañana comiò las frutas muy dulces, jugosas, al final se chupò los dedos, mientras abrìa la cerca que daba a su casa, entrò por la cocina donde su abuela juntaba los restos del desayuno.
Al verla, dejò todo, abrazàndola sin decir una palabra, para al instante llenar una taza de leche caliente que sacò de cerca de la cocina, junto con pan recièn horneado.
Casi la obligò a sentarse mientras respondìa a la muda pregunta de Sireiya
_Todos fueron a recoger la cosecha.
_ Como esto y voy.
La abuela se sentò frente a la nieta, cuando estaban a solas, ambas hablaban con el corazòn en la mano.
_ No es necesario. Andà a acostarte, necesitàs recuperarte. Aprovechà que tus hermanos no estàn.
Durante un segundo, el dormir sin que sus hermanos la interrumpan con sus gritos y llantos le pareciò lo mejor del mundo, pero sacudiò la cabeza, mientras comìa un tanto de mala gana, respondiò:
_ Voy al campo.
La abuela se levantò, suspirando, sacò una fuente con tapa que se encontraba cerca de la hornalla.
_ Lo sabìa. Llevà esto, para el almuerzo.
Metiò todo en un morral, junto con pan, un poco de fiambre de cerdo, apoyàndolo sobre la mesa.
_ Hoy es el segundo dìa de luna llena.
Sireiya estaba en el cuarto cambiàndose de ropa, gritò sin querer:
_ Me dijo que no tenìa que ir.
La abuela acompañò a su nieta hasta la puerta.
_ ¿Temès algo? ¿Què te libere, quizàs?.
Como la respuesta hubiera sido un tanto brusca, sencillamente, la besò, Sireiya no tenìa mucha experiencia en el trato con gente, pero jamàs perderìa el respeto, sobre todo porque la amaba.
_ Tambièn te amo, Sireiya _ respondiò de manera ìncreìble.
Mientras tomaba el camino detràs del monte de àrboles donde estaba el trigo, sacando fuerzas que no tenìa, los primeros en vrla fueron sus hermanos menores, que tomaban agua de la cisterna que estaba cerca de los lindes, los ùnicos dìas que no la molestaban, importunàndola o hacièndo bromas era el dìa despuès de ser llamada.
Dejò la fuente junto a la cisterna, colocàndose un pañuelo en la cabeza, tomò una de las hoces que se encontraban por el lugar, comenzò a cosechar, bastante lejos de sus padres.
Al mediodìa su madre extendiò una manta enorme donde apoyò la comida, mientras la familia se acercaba para asearse y beber un poco de agua.
Cuando todos estuvieron sentados màs o menos cerca de la manta, el padre bendijo los alimentos, todos respondieron “gracias”, la madre fue sirviendo la carne cortada con papas con un trozo de pan.
Cuando todos estuvieron servidos, Geu, dijo:
_ No es necesario que estès aquì.
_ La abuela me dijo lo mismo _ respondiò con la boca llena.
Caleb su hermano mayor intervino con el ceño fruncido:
_ Estàs pàlida como un fantasma.
Sireiya lo mirò con odio, pero nada respondiò, la salvaciòn fue su padre, Esaù que hablò, tambièn con la boca llena:
_ Basta. Terminemos con el trigo. Tenemos mucho trabajo.

2
Dos meses màs tarde, casi iniciando el invierno, despertò pasada la media noche, con ganas de ir al baño, quedaba fuera de la casa, como hacìa frìo, estuvo aguantando hasta que no pudo màs.
Esquivò a su hermanito que dormìa en el suelo, envuelta en una manta, tiritando corrriò los cinco metros, casi sin mirar, por esa razòn chocò con algo duro como el màrmol, que la sostuvo porque quedò atontada.
Al recuperarse mirò a Nimrod, le abriò la puerta y cerràndosela detràs, cinco minutos màs tarde, saliò, aùn tiritando.
_ Puedo darte cualquier cosa menos calor.
“ Y vida”, pensò la joven.
Lo vio sonreìr sin abrir la boca, acercò el rostro muy cerca del suyo, la frialdad de Nimrod era màs alta que la ambiente.
_ Sos atrevida.
_ Perdòn, Nimrod.
Intentò regresar a su casa, pero con super velocidad, se puso delante antes que toque el escalòn de la galerìa, pero esta vez no chocò con èl, los sonidos se magnificaron, grillos, ranas, alguna lechuza.
_ Mi madre requiere tu presencia, pasado mañana.
Como estaba muy cansada, pero sobre todo los detestaba, replicò:
_ ¿Porquè no enviò un mensajero por la mañana.?
Nimrod sonriò de nuevo, su piel brillaba a pesar de la noche sin luna.
_ Sabìa que de esta manera te molestarìa.
De haber tenido el poder, Sireiya, hubiera hecho caer el rayo destructor sobre Nimrod, hasta verlo convertido en una pila de cenizas.
En ese momento que la imaginaciòn fluìa con imàgenes, Nimrod largò la carcajada, abrazàndola jocoso.
_ Te dejo ir a dormir.
Entrò corriendo a la casa, su abuela la interceptò en el pasillo, al notarla agitada, pàlida, asustada y a la vez resignada, susurrò dulcemente:
_ Vamos a mi cuarto.
La  abuela tenìa el mejor cuarto de la casa, allì tenìa sus recuerdos y lo mejor, una gran chimenea, que casi siempre estaba prendida.
Metida  en la cama con olor a alcanfor, con el cuarto caldeado, la abuela, apagò la vela, diciendo:
_ Buenas noches Sireiya.
_ Buenas noches abuela.
Por suerte se durmiò ràpidamente, cuando era muy pequeña solìa refugiarse allì, sintièndose protegida, que ningùn mal podìa tocarla.

3
Abriò los ojos, atajando las ganas de saltar de la cama, porque Nimrod la miraba sentado en una silla, cayendo en la cuenta que era de noche.
La cabeza comenzò a dolerle espantosamente, justamente no despertò de dìa sino de noche, era la primera vez que le pasaba, tambièn la mirada de compasiòn en los ojos almendra de Nimrod:
_ Te traje algo de comer.
Como respuesta se cubriò la cara con la sàbana, se sentìa muy mal, màs allà de la debilidad corporal, tuvo naùseas, por el temor de pasar una noche màs en ese lugar.
Suavemente le destapò la cara, como para èl era transparente como el cristal, murmurò como si le contara un secreto, aunque estaban solos en la habitaciòn roja, que la oprimìa de manera tremenda:
_ Mi madre saliò a cazar con sus amigos. Comè y salgamos de aquì.
Como siempre su caràcter la llevaba a no discutir, ni preguntar, aparte querìa salir de esa habitaciòn  horrible, aunque lo que viniera quizàs fuera peor que la noche anterior.
Comiò  de mala gana al principio, un bocado del sandwich, estaba exquisito, sintiò en la boca la delicadeza de la carne ahumada, le encantaba, era su preferida, cuando se quiso acordar, iba por el segundo.
Con la panza llena, un tanto màs despierta, se dio cuenta que perdiò la dignidad ante un sandwich de carne ahumada, pero a Nimrod no le importaban sus pruritos, le alcanzò la ropa, incluso le dio la espalda mientras se vestìa sin salir de cama, porque sentìa mucha vergûenza de ella misma.
Al levantarse, se mareò, hubiera caìdo, pero con una reacciòn sobrenatural la atajò antes que toque el piso, sentàndola en la cama, durante un segundo sus ojos se cruzaron, allì leyò que estaba entre preocupado e irritado.
Fue hasta la pared, roja por supuesto donde habìa un dintel, presionò, abrièndose un pequeño pànel, que en apariencia  daba a un tùnel oscuro.
_ Vamos.
Lo siguiò, caminando en cuatro patas, en la oscuridad total, chocò con Nimrod al detenerse, la ayudò a levantar, tenìa la mano en la suya, transmitièndole un frìo helado, con desconfianza, pero resignada, dòcil como un cordero, escuchò un chasquido luego de recorrer un buen trecho de subida.
Entraron a una habitaciòn enorme, tenìa una biblioteca, con altìsimas estanterìas, repletas de libros, varios sillones tapizados en cuero negro, un escritorio con patas de dragòn, varios libros sobre este, abiertos, pergaminos y plumas, una chimenea con brasas, Nimrod tirò leña para avivar el fuego, incluso en medio habìa una escalera que daba a un piso superior.
Hizo una seña para que suba la escalera de caracol, muy estrecha, lo hizo con miedo, al asomar la cabeza, dio gracias que estuviera detràs suyo, porque puso cara de asombro.
Una gran cama con doseles negros, tal como todas los del lugar, pero en vez de una ventana, habìa un viejo observatorio, que jamàs notò desde afuera, claro que siempre que iba al enorme castillo, miraba el suelo porque era su preferencia no mirar, como cuando despertaba en el cuarto rojo.
Una extraña idea se colò en su mente, incluso le pareciò que no era suya, no solo se negaba a mirar, sino tambièn a sentir.
Puso el ojo en la lente del ultra moderno telescopio, exclamando asombrada ante la belleza del cielo nocturno, que titilaba e incluso se movìa, porque muy lentamente, lo obeservado salìa de foco.
_ Esperaremos el dìa aquì. Nadie sube jamàs.
Escuchò la extraña frase, sin sacar el ojo de la lente fascinada de la vida que parecìa tener el cielo, quizàs su abuela, sus mayores tuvieran razòn sobre dios.
Escuchò que Nimrod buscaba algo, pero Sireiya estaba encantada con mirar el cielo, asì pudo enfocar  los satèlites naturales del planeta, uno era rojo lleno de cràteres, el otro estaba semioculto por la roja, pero  blanco como la nieve.
_ Hace mucho que quiero darte algo.
Le costò dejar de mirar el cielo nocturno, sobre todo porque esas palabras le daban miedo, bajò del banquito, le alcanzò algo envuelto en una tela azul brillante y suave.
Literalmente arrancò el paquete de las manos, al abrirlo quedò con la mente en blanco, la muñeca de trapo que le cosiò su abuela con retazos de las telas para hacer las ropas de la familia, la primera vez que fue llamada al castillo la llevò, pero al regresar a su casa no la tenìa màs.
Esa muñeca era su preferida, llorò mucho por la pèrdida pero jamàs se le ocurriò pedirla, por el miedo que le causaba la situaciòn que vivìa, hasta que finalmente quedò relegada al fondo de su memoria.
_ Podès seguir durmiendo hasta el amanecer, despuès te vas a tu casa.
Intentò ser medianamente amable, como no le salìa mucho, preguntò un tanto violentamente:
_ ¿Porquè no salìs con tu madre?
La respuesta fue un encogimiento de hombros, se acercò a un brasero dorado donde mantenìa caliente una ollita, sirviò una gran jarra con un lìquido marròn y viscoso, alcanzàndoselo.
Sireiya lo oliò, era chocolate, le encantaba y rara vez probaba, quizàs los dìas de fiesta, porque era muy caro y escaso, sin dudar bebiò sintiendo el exquisito amargor que caìa hasta selestòmago, hacièndola reconciliar en parte con su realidad de la que intentaba escapar, trabajando a la par que sus padres en el campo, hasta caer rendida a la noche.
Ese momento, fue uno de los pocos que realmente mirò a Nimrod, aprendiò, como lo mencionè anteriormente, a no mirar, para que ningùn detalle de dolor penetrara su coraza, sin conocer nada de la vida, lo encontrò, joven como ella, la respuesta a sus pensamientos,  fue algo que no querìa oìr.
_ Sabes que no es asì. _ hizo un gesto señalando su cara _ Solo es una apariencia.
Bajò los ojos a la muñeca, al verla tan limpia, recordò una imagen del cuarto rojo, la muñeca, tambièn roja, una ira tremenda brotò de ella, arrojò la muñeca al rostro asombrado por el volàtil carácter de Sireiya.
_ ¿Porquè yo?
_ ¿Por qué no? ¿Sos especial?
De pronto, caminò hacia èl, transformada en una mujer, no en una vìctima, con los brazos en jarras, parada con actitud desafiante:
_ Claro que soy especial, si no, no estarìa acà.
Nimrod riò realmente con sinceridad, tomàndola de los hombros.
La llevò al telescopio, durante las tres horas siguientes, le enseñò las contelaciones, el mapa celeste, como ubicarse, Sireiya jamàs recibiò educaciòn formal, los del castillo eran muy antiguos, tuvieron tiempo de observar y aprender, dàndose cuenta que cierta cantidad de tiempo era fundamental para ello.
 En un momento, dijo.
_ Falta una hora para el amanecer. Te acompaño a tu casa.
Bajaron por la escalera, Nimrod tomò un libro como al pasar, eran mapas celestes.
_ No sè leer.
_ Aprendè, entonces. Te lo regalo.
La dejò en la parte de afuera de la cerca, al tomar el camino, esperò que llegara a la casa, hizo los ùltimos metros corriendo, abriò la puerta con estruendo, sin mirar reboleò el libro, que su padre esquivò.
_ Estabamos muy preocupados.
_ ¡No vi las antorchas reclamando por mi persona a las puertas del castillo! _ explotò, gritando desaforada.
Saliò de la casa escondièndose en el granero.

4
Como las ùltimas dos semanas estaba ansiosa, el imsomnio regresò, por eso, a las dos de la mañana, despertò sùbitamente, dio varias vueltas en la cama, los ojos se negaban a acatar la orden de cerrarse, prendiò una vela, fue hasta el tocador, se cepillò el pelo, enredado por las vueltas en la cama.
En un momento, no le gustò lo que veìa, apagò la vela, quedando en la oscuridad, de pronto, escuchò que la traba de los postigos cedìan y alguien se colaba  en la habitaciòn silencioso como una ràfaga de viento.
Durante mucho tiempo, Nimrod entraba mientras dormìa, con los años se acostumbrò a encontrar el aroma picante, que exhudaba su piel.
Con un movimiento de la mano prendiò la vela, colocàndose detràs, miràndose por el espejo durante un minuto, era lo màs parecido a un amigo que tuviera jamàs, que apareciera en el momento en que cierta angustia le apretaba el pecho, le daba ciertoalivio.
Acercò una silla, ponièndose a su lado.
_ Nadie puede obligarte a nada. Mi madre quiere que me haga cargo del castillo, pero aùn no le respondo. Quiero irme de aquì, esa tarea puede hacerla Gora mucho mejor que yo.
Mientras hablaba, tenìa la mano càlida de Sireiya entre las suyas, permitìa con su natural resignaciòn que la toque asì, de manera afectuosa, pero esa vez, lo mirò a los ojos, tìmidamente, acariciò la mejilla frìa, eternamente juvenil.
_ A veces siento que te complace ver como me pongo vieja.
Lo vio sonreìr.
_ Veintisiete años, no son precisamente los de la senectud.
_ No importa. Quizàs si te hacès cargo del castillo, las cosas cambien.
_ O quizàs no.
Durante un instante, sintiò que los ojos de Sireiya hurgaban dentro con esa extraña magia que poseen innatamente las mujeres, que comprendìa que ser amable, no ser como el resto de su familia y amigos, requerìa de una gran fuerza de voluntad.
Tomàndola de la barbilla, acercó su rostro al suyo, apretando màs de la cuenta.
_ Podes vivir conmigo allà, quizàs logres frenar mis ansias. Claro, hasta que envejezcas y tus huesos sean polvo.
Sacudiò la cabeza violentamente, Nimrod la soltò, ella se levantò de un salto, un escalosfrìo corriò por la columna, el viejo terror, saltò a primer plano.
_ Me tenès miedo por el pasado, pero no temès casarte con un  hombre que ni siquera conoces. ¿Porquè no rompès el mandato? Veo que te hace infeliz. _ aseverò desde la silla.
_ ¿Huyendo rompès tu mandato?.
_Por lo menos no lo ejerzo. _ replicò un tanto ofuscado_ Que podès entender vos, que tenès una vida tan limitada.
Sireiya enrojeciò de furia, le pegò una cachetada que reverberò en la noche como un chasquido, fue como golpear màrmol, el brazo entero  quedò sentido.
_¿Estàs bien?
_ Sì. Perdòn Nimrod. Siento nàuseas de casarme, pero no sè que hacer.
La abrazò con cariño, diciendo:
_ Soy tu prìncipe, el que vive en el castillo, que te rescatarà del viejo libidinoso.
Lo empujò, porque reìa a carcajadas.
_ Si viene mi hermano harà un escàndalo. Vivo en su casa.
_ ¡Ah! Me olvidaba la herencia es del hijo varòn.
Metiò la mano en un bolsillo de la camisa, dàndole una gruesa barra de chocolate envuelto en papel dorado, haciendo una reverencia.
Le gustaba mirar cuando comìa, ella lo sabìa, sentada en el borde de la cama intentando no devorar la golosina, Nimrod le tocò el cuello cuando tragaba, oliò el aroma del chocolate en su boca, maravillàndose al verla saborear la golosina, sintiendo como su cuerpo absorvìa lo que consumìa.
 _ Cuando comès, el olor de tu piel cambia. _ susurrò con los labios helados pegados a su brazo.
De manera inconciente, se le puso la piel de gallina, dejò de tocarla al instante.
_ ¿Porquè me haces esto? Dejame vivir mi vida de mierda en paz.
Durante un segundo le pareciò que iba a replicar, pero simplemente le dio un beso en la mano, saliò por la ventana, al instante entrò su hermano, con un cuchillo en cada mano.
Al ver a su hermana sentada comiendo chocolate quedò desconcertado, aceptò un pedazo, sentàndose a su lado sin hablar.
Dos dìas antes de casarse, durante un almuerzo compartido entre las dos familias, en la casa del novio, un viudo que tenìa hijos de la edad de Sireiya, apareciò un  sirviente de librea dorada, en una moto con los colores del castillo.
Le entregò un sobre con una reverencia, al leer la misiva todos, la vieron palidecer, con las pupilas dilatadas, demudada exclamò:
_ ¡Me mandan llamar del castillo!.

6
Cuando llegò el dìa, fue sola, con todas las ganas de salir huyendo, pero ràpidamente encontrò el lugar mental del escape.
Como siempre la esperaba una mujer que la condujo a un vestidor, sin emitir una palabra se cambiò de ropa, usando la extraña habilidad para mirarse en el espejo sin verse en verdad, se acomodò el escote del vestido de seda labrada, la mujer hizo una maravilla con su cabello, que llevaba màs corto que el resto de las mujeres, terminò el peinado con una preciosa hebilla de piedras de colores.
Tambièn colocò un collar con piedras facetadas rojas, que le recordò el cuarto rojo, sin que su expresiòn cambiara, sintiò como se le retorcìan las tripas del miedo.
Al salir del vestidor un sirviente la guiò, como en un automàtico casi sigue de largo cuando el tipo doblò por un pasillo de techo altìsimo con arcadas, pasò una enormes puertas de hierro con dragones que envolvìan un extraño àrbol, el sirviente abriò las puertas, entrò sola.
El recinto de techo abovedado como una catedral gòtica, una chimenea caldeaba el ambiente, caminò hasta Nimrod que le corriò la silla delante de una mesa, miràndola comer en silencio, apenas unos boca­dos, tendiò la mano, que aceptò con terror cerval, la condujo hasta otra mesa donde habìa un ajedrez bellìsimo de cristal, durante la noche se dedicò con paciencia sideral, a enseñarle a jugar.
A la madrugada cuando se dio cuenta que estaba cansada, hablò.
_ Preparè un lugar para que descanses. Mandè cerrar este lado del castillo.
Durante largos minutos sostuvo la mirada de Sireiya, que ya no era una pre pùber sino una mujer, en la plenitud de su vida, realzada por las ropas lujosas.
_ Tomaste el mando.
_ Sì. _ le besò la mano, mientras respondìa a la afirmaciòn.
Por una vez, se permitiò ser cariñosa, lo abrazò, la cabeza de Nimrod fue apoyada sobre el pecho de Sireiya, allì escuchò el corazòn latiendo, una tanto màs ràpido, el miedo,  siempre presente.
Cuando hablò, las palabras sonaron como mùsica para sus oidos:

_ Prefiero ver las constelaciones.