Un duende galàctico
1
Blizz entrò a la casa de Lasvi a
los gritos, tomaba una sopa que volò por los aires, al golpear con el puño en
la mesa, enojado.
_¡Basta! Hace tres meses que me
dijiste que me pagarìas lo que me debès. No veo en ningùn lado el dinero.
Miró furioso a su alrededor, la
casa en nada se diferenciaba de las del resto, Lasvi
limpiò la sopa retirando el plato roto, mientras explicaba:
_ Te dije una y mil veces. El
tipo al que le vendì lo que te debo, no me dio dinero. Lo hice por..., por.....
_¿Porquè?
Blizz volviò a golpear la pobre
mesa, gritando como un loco.
_¡Quiero mi dinero!
Saliò de la estancia, dirigièndose
a su habitaciòn mientras decìa:
_ Hice lo mismo con mi deudor. Lo
ùnico que me dio fue esto.
Dramàticamente abriò de par en
par la puerta redonda hecha de nocito negro, Blizz asomò la cabeza, rojo de
ira, insultando a Lasvi, a quien habìa prestado oro, insultàndose por ser tan
crèdulo, que a la familia jamàs debìa prestarle dinero o hacer negocios juntos,
todas las palabras murieron en sus labios.
Sentada junto a la ventana
redonda, ovillando con un huso, habìa uno de esos seres que poblaban el mar,
que eran capturados y posteriormente vendidos, un artìculo de lujo, solìan
hacer las tareas domèsticas.
Para que no huyan, se les ponìa
un collar con piedras especiales que anulaban su magia, la joven saltò
asustada.
_No temas. Te presento a mi primo
Blizz.
Lasvi tomò un cordòn dorado que
se encontraba sobre un aparador, antes que Blizz cerrara la boca, atò el cordòn
en la argolla del collar, colocàndoselo en la mano.
_ Tomà es tuya. Vos compràs y
vendès. Vendela, vale mucho dinero.
Blizz soltò el tenue cordòn
dorado, como si fuera una vìbora venenosa.
_ ¡Perdiste la cabeza!.
_ Llevala, te van a dar un buen
precio. En siete dìas es el encuentro de la Luna. Pensaba ir con
ella, pero viniste antes._ volviò a dale el cordòn_ Sos comerciante, sabès como
se hace.
2
Insultando al primo y a toda su
familia, caminò hasta su casa que quedaba a menos de un kilòmetro, entraron por
atrás, para dejar la bolsa de nueces que llevaba.
Observò a la muchacha, que no
demostraba temor, sino cierta resignaciòn por su estado, no le gustaba tener a
alguien allì, aunque su hermana mayor visitaba, traìa a una vecina para limpiar
la casa de arriba a abajo, cuestiòn que lo llevaba a discutir con Dosa en cada
ocasiòn.
Tenìa que cargar la nave para ir
al encuentro nombrado por Lasvi, como nunca tuvo una esclava no sabìa como proceder.
_ Voy a cargar la nave.
Saliò de la casa hacia el galpòn,
llevaba gran cantidad de mercaderìa, la mayorìa en canastos apilados por
doquier, incluso bajo la nave.
Con el control remoto bajò la rampa transportadora, suspirando, porque tenìa que cargar la rampa, subir a la nave, meter todo en la diminuta bodega y
en la cabina, con el detector de peso funcionando, ya que no podìa cargar màs
de lo indicado, bueno, un poco màs sì.
Iba por la segunda subida, la
muchacha apareciò con el cordòn dorado enrollado en su mano derecha, era como
los zigrit (especie de perros del planeta Reidero), sin hablar, fue cargando
los cajones, mientras Blizz acomodaba en la bodega, no la ayudò con los màs
pesados, en un momento dijo:
_Hasta ahì.
La joven tomò asiento en un
cajòn, limpiàndose la transpiraciòn con la manga, regresaron a la cocina, hablò
bruscamente:
_ Ahì hay para preparar algo.
Fue a su cuarto con la puerta
similar a la de su primo Lasvi, una arcada con una sòlida puerta de madera negra, se lavò las manos y
la cara en una de canilla en la pared, luego abriò un de pequeño gabinete sobre
el tocador, hincado rezò durante media hora, entre los agradecimientos, pidiò
deshacerse ràpidamente de la esclava.
Al entrar en la cocina, le sirviò un revuelto de
verduras, huevos y carne, bastante pasable, con un gesto le indicò que comiera,
obedeciò, en total silencio, con disimulo la mirò, era linda, de cuerpo
armonioso, con el color de su pueblo en la piel, con una especie de opalescencia
verde azulado.
_¿Para què fuiste entrenada?.
Sin despegar los ojos del plato,
escuchò la voz, dulce, delicada, suave:
_ Para el placer.
3
Como Blizz era muy desconfiado,
no la dejaba sola, sin pedìrselo, ordenò y limpiò notando
que no abrìa cajones, ni se detenìa en sus objetos personales.
Conocìa las historias sobre las
que compradas desde el vientre de sus madres, eran entrenadas para dar placer a
sus amos, de hecho la mayorìa se encontraban en todas las casas de paz del
planeta y la galaxia, esta, no sabìa el nombre, cocinaba, limpiaba, lavaba sus
ropas, en total silencio y casi invisible.
Durante el almuerzo preguntò:
_ ¿Còmo te llamàs?
_ Niyara.
Para Blizz la semana transcurriò
lentamente, màs de lo normal, irritado con Lasvi, lo cruzò en dos ocasiones en
el bar, insùltàndolo, tratàndolo de estafador.
Lo enojaba entrar en su cocina,
ver a la muchacha con el huso, cocinando, lavando, fregando los pisos, le
parecìa que habìa estado allì toda la vida.
Lo peor de todo, fue cuando si fuera
un preso contaba los dìas que faltaban para el encuentro, apareciò su madre,
que atronò la puerta casi al amanecer, entrò sin esperar que le abran gritando:
_¡Còmo es que vivìs con una
mujer!
Le hizo una seña a Niyara que lo
miraba asomada desde la cocina, con el pelo revuelto, cara de dormida, un
saquito sobre un vestido corto, durante un nanosegundo vio
sobre la cara exterior de los muslos hasta las larguìsimas piernas, las escamas
dàndose cuenta la razòn que fuera tapada.
Como siempre era lo mismo, su
madre se derrumbò en un sillòn, junto con una prima solterona que siempre la
acompañaba.
Tella era obesa, de pèsimo
caràcter, mandona, llevaba las cuentas de su familia, creyèndose con derecho a
intervenir en los asuntos de Blizz y los de todos, parientes o no
De manera melodramàtica se
lamentò:
_ Tengo que enterarme por la
odiosa de Brisa.
Se referìa a su hermana del
medio.
Sumisamente Blizz relatò lo del
prèstamo a Lasvi, casualmente hijo de Brisa, que finalmente pagò con una esclava,
para que la venda en el encuentro.
La madre estallò de furia,
vituperando a su hermana, hijo y toda la parentela, insultando a Blizz por ser
tan tonto.
_¡Te dije que no prestes dinero!
Un poco harto, luego de cinco
minutos en los que su madre, escupìa insultos para todos
lados, iba a mandarla a la mierda cuando milagrosamente entrò Niyara, con una
bandeja, cortando los vituperos de su madre, evitando que Blizz le falte el
respeto.
Soportando las miradas, sirviò tistaro una especie de infusiòn, junto con unos dulces
y panes, al retirarse, fue detenida por Tella que parada la examinò como a un
animal de corral, mirando los dientes y palpando mùsculos.
Mil veces habìa visto esto Blizz,
cuando iba por curiosidad al mercado de esclavos, pero esa vez, notò el
maltrato hacia alguien que pensaba y actuaba como cualquiera, incluso notò
cierto rubor en sus mejillas verdeazuladas.
_ Bueno, te daràn muy buen precio
por ella.
_ Màs de lo que me debe, mamà.
De nuevo se puso belicosa:
_ ¡Ni se te ocurra devolverle la
diferencia! Cobrale el interès del prèstamo y lo que consumiò la esclava.
Con un suspiro, mordiò una
masita, su preferida con anìs y amapola.
4
El dìa que partirìan al encuentro
terminò de alistar la nave, la cabina estaba a los topes, casi subiendo por
sobre las cajas, Niyara se acomodò en el pequeño asiento del copiloto, que jamàs nadie usò.
Diez horas màs tarde llegaron al
lugar que tenìa asignado para aterrizar, repleto de naves de toda la galaxia.
Entre los dos armaron una carpa
en el lugar asignado, durante horas trabajaron acomodando las mercaderìas,
hasta que quedò como Blizz querìa.
Comieron carne envuelta en hojas
de larut, muy condimentadas y picantes, revolviò uno de los cajones, le arrojò
un paquete diciendo:
_ Ponete eso, lavate la cara y
peinate. Cuando venga Dosa para atender, vamos al mercado.
Al verla ponerse de pie como un resorte, comenzar a
sacarse la ropa, la detuvo.
_Salgo para que te cambies.
Fumaba un trisc cuando al unìono
apaeciò en su nave Dosa con su prole numerosa, besàndolo con cariño, Niyara
apareciò, atò el cordòn dorado, echàndole apenas una mirada.
Caminaron hacia el mercado,
molesto por las miradas que le echaban a Niyara, hasta que se detuvo de
improviso para mirarla, ella chocò, siendo sostenida por Blizz para que no
caiga.
Eligiò el vestido sin mirar,
porque segùn buscò en la base de datos, los esclavos tenìan que ir bien
presentados, aseados, para conseguir un buen precio, lo comprendiò
perfectamente, porque era un comerciante experto.
El vestido blanco, muy escotado,
con un ridìculo foulard que ocultaba un poco el collar, largo, de hecho Niyara
lo sostenìa en su mano derecha para que no se arruine al arrastrarse,
transparente, salvo en las partes pudendas, donde habìa dos o tres capas de
gasa que dejaban traslucir el inicio de las nalgas, sintiò pudor por Niyara,
que soportaba la mirada hacia sus pequeños pechos muy visibles bajo la tenue
tela, le puso la capa sobre los hombros.
_Gracias. _ murmurò sin mirarlo.
Llegaron al mercado de esclavos,
un viejo con cara de aburrido anotaba los nombres de los vendedores,
encontràndose con su primo Lasvi, enfureciò, porque por su culpa estaba en ese
lugar, sin su dinero.
_¿Què hacès acà?.
A èl mismo la pregunta le sonò
estùpida porque Lasvi, al igual que la mayorìa de su familia se dedicaba a
comerciar, de alguna u otra manera
Sin mirarlo, le dijo a Niyara
poniendo cara de bobo:
_ Si tuviera dinero te comprarìa.
Como correspondìa ella mirò el
suelo, sin responder una palabra.
Lasvi pareciò que iba a decir
algo màs, pero sacudiò la cabeza como si no valiera la pena explicarle nada, se
fue perdièndose entre la gente.
Los mercaderes de esclavos eran
bastantes sucios en los tratos comerciales, Tella mencionò uno, luego de pasada
su furia, llamado Laremont, su hermano menor mecànico de profesiòn, relizaba el
mantenimiento de la flota del traficante, con lo que hicieron buenas migas.
Ubicò la tarima de Laremont, una
de las principales, preguntò a una muchacha que estaba en la entrada, cerca del
escenario donde presentaban a los esclavos, señalàndole la parte trasera.
Laremont, resultò ser un hombre
joven, de la edad de Blizz, vestido a la moda, con ropa cara importada de
Wissoe, marcando un nivel de riqueza superlativo, rodeado de gente con collar,
adultos, que los miraron al entrar.
_ Tu madre me llamò. Sentate.
Sìrvanos de beber._ dijo Laremont dàndole la mano.
Uno de los mayores, trajo una
bandeja con dodel añejo, de la mejor calidad, Blizz mirò con disimulo al
esclavo, pertenecia a los seres del aire, pero las alas estaban cortadas, solo
tenìa dos largos pedazos, esto le dio mucha impresiòn y cierta incomodidad
interior.
Mirò a Niyara que tenìa los ojos
abiertos como platos, sin disimular el temor, pero de igual manera le dio el
cordòn a Laremont, que sin dejar el vaso, la mirò sin tocarla, evaluando con su
ojo experto.
_ ¿Sos virgen?.
La vio sacudir la cabeza en
sentido negativo, con las mejillas ardiendo.
_ ¿Tu madre estaba en cautiverio?
Contestame con palabras.
Lo ùnico que tocò fueron sus
manos, de cuatro dedos, con una finìsima membrana como el ala de una libèlula
terrìcola.
_ No. Me dejaron en las aguadas
del este. El señor Blizz tiene mi chip.
Laremont sonriò satisfecho,
mientras volvìa a servir otra ronda de dodel, que era el mejor que Blizz tomò
en su vida, incluso decidiò gastar dinero en comprarse una botella, si no solo
trabajaba sin descanso.
_ Tenès mucha suerte, dudo que le
prestaras tanto dinero a tu primo, como el equivalente a esta criatura.
Sorprendido por su buena suerte,
animado por el fermento del cereal golva, preguntò:
_ ¿Es especial?.
_ Castigaron a su madre, por una
uniòn ilegal, o algo referido a la magia de su elemento.
Explicò, mientras de la mesa
salìa una especie de ranura, donde colocò el chip de Niyara, aparecieron
imàgenes hologàficas, que leyò ràpidamente, hasta que le preguntò:
_Tuviste tres dueños ¿Què pasò?.
_ Todos debìan y fui usada para
pagar la deuda.
A Blizz le pareciò que era la
mayor cantidad de palabras que le
escuchò decir, claro que èl no le dirigìa la palabra o le preguntaba nada.
Laremont la miraba a los ojos, a
Blizz tanto primitivo emocionalmente, se dio cuenta que entre ellos habìa
cierta empatìa.
_ La compro._ dijo de pronto. _
Te ofrezco un millòn de leas.
Blizz quedò demudado por la
fortuna, la deuda de Lasvi eran quinientos leas, contando el interès, Laremont
malinterpretò el silencio y agregò:
_Tambièn te doy una nave mejor
que la que tienes, con una verdadera bodega.
_ ¿Tanto vale?.
_ La llevarè conmigo, hasta que
me aburra. Una de estas para el placer, que jamàs estuvo ni de cerca en una
casa de paz, es un gran hallazgo.
Como Blizz ea un comerciante,
pensò que si para Laremont valìa tanto, quizàs debìa pensarlo, esta vez
interpretò bien el silencio.
_ Te doy cinco dìas. Igualmente
la comprarè.
Terminaron de beber, Blizz tomò
el cordòn de oro, saliò del mercado de esclavos, ponièndose al frente del
negocio, ayudado en la venta por Niyara, que por su vestimenta atraìa a màs
clientes de lo habitual.
_ Dormiemos en la nave, en esta
parte del paìs hiela en la noche._ dijo al cerrar, mientras hacìa las cuentas.
Una hora màs tarde subiò a la
nave Niyara le habìa preparado un lecho muy còmodo, hasta le sirviò una tisana
caliente, orò agradeciendo que su venta se habìa duplicado.
Acostado con las manos detràs de
la cabeza, pensando que usarìa para
vender a Niyara durante cinco dìas, luego la venderìa a Laremont, el ùltimo
pensamiento fue el vestido que le darìa al dìa siguiente.
5
Los tres dìas siguientes fueron
de ganancias fabulosas para Blizz, incluso tuvo que llamar a Dosa para que lo
ayude con la venta, Niyara era muy amable con los clientes que al mirarla,
compraban cualquier cosa, solo para verla.
Durante un alto que Dosa fue a
buscar algo para tomar, su hermano estaba contando el dinero y preparando
remitos de envìo.
_ ¿Hace todo lo que le pedìs?
_ dijo maliciosamente y saliò riendo.
Durante la noche Blizz terminò
las cuentas, sentàndose a cenar en la parte trasera de la carpa, no conectaba
con Niyara, simplemente estaba allì, hacìa meses que no visitaba una casa de
paz, cerca habìa muy buenas, pero de pronto pensò que podrìa ahorrarse bastante
dinero usàndola, tambièn supuso que Laremont harìa lo mismo apenas cerraran el
trato.
_ Cuando termines venì a mi
cama._ ordenò mientras ella juntaba los platos.
Blizz tuvo tiempo de orar, Niyara
apareciò cuando apagò la luz, solo quedaban tres lucecitas rojas que marcaban
los mandos de la bodega, al verla de pie, era notable el resplandor fosfoscente
de su piel.
_ Desnudate.
Niyara obedeciò, sentàndose en el
borde del catre.
_ Acostate.
Blizz era bastante escueto en
temas amatorios, solo lo sentìa como una descarga fìsica màs, por eso se subiò sobre ella,
metièndole el extraño pene enorme y curvo dentro, hubo resistencia, pero de
pronto reaccionò, pegando su sexo, al de Blizz, contrayendo los mùsculos,
gruñendo porque era el ritmo exacto, al eyacular, quedò jadeando sobre Niyara,
que se levantò, yendo al baño de la nave.
Al regresar, se colocò de
rodillas sobre la cama, mostràndole en toda su plenitud, las nalgas, su sexo
pequeño, pasò una mano entre sus piernas, tocàndose, mientras que cerraba los
ojos, al verla buscar placer, era algo que jamàs habìa visto, al instante, al
escucharla gemir, mientras su sexo brillaba hùmedo, tuvo nuevamente una erecciòn,.
Como hipnotizado, metiò un dedo,
ella gimiò, la agarrò de las caderas,
penètràndola hasta el fondo, nuevamente fue todo un tanto brusco, agarrado de
sus senos, sintiò como Niyara, aumentaba la temperatura corporal, gimiendo, de
pronto algo de su energìa màgica saliò a
pesar de la atadura del collar, atravesando a Blizz.
La masa lìquida de Blizz se
moviò, empujando a que eyacule, con un gran placer, desconocido para èl.
Cayò sobre el catre, al instante,
Niyara lo higiènizo, con un paño tibio, sin afectar las partes sensibles, luego
fue al baño, retiràndose a su cama, la detuvo diciendo:
_ Dormì conmigo.
6
Durante los dìas siguientes Blizz
fue feliz, a su modo, la venta era màs que excelente, durante las noches gozaba
de Niyara, permitièndole lamerlo, succionarlo, bañarlo, afeitarlo, en fin,
recibiendo placer, màs que el que recordaba en toda su vida.
El quinto dìa llamò a Laremot,
para informarle que se tomarìa hasta el fin del encuentro para entregàrsela,
vio la sonrisa socarrona del traficante, a travès del verdoso holograma.
_ Claro. Espero tu llamada.
Y cortò la comunicaciòn.
Una rotaciòn màs tade (999 dìas
terrerstres), aùn conservaba a Niyara, incrementando el capital, por la
organizaciòn que significaba en su vida.
Concurriò a encuentros màs lejanos,
ella atraìa a los clientes, incrmentando la venta, ocupàndose su comida y sobre
todo de complacerlo en la cama.
Llegò un dìa que vendìan cerca
del Mar Càlido, uno de los mejores encuentros del planeta, ella preparò la
carpa que iba adosada a la nave donde dormirìan, pero luego, fue hasta el borde
del mar, sin tocar el agua.
Dejò de contar la mercaderìa,
observàndola, con el viento agitando el cabello, miraba lànguidamente su mundo.
Caminò descalzo, sobre la arena càlida, convivir con algo se refinò
en Blizz, al tomarla de la cintura, Niyara apoyò la cabeza en su hombro, era
màs alta que èl, que parecìa una cruza de orco y duende.
Parados frente al inmenso mar,
del mismo color del cabello de Niyara, tuvo la conversaciòn màs larga, hasta el
momento.
_ ¿Quieres irte?.
_ No. Me gusta estar con vos. _
respondiò, abrzàndolo, dàndole la espalda al mar.
_Despuès de años de ahorrar,
tengo el dinero para la dote de la novia que eligieron mis padres.
Sintiò la contracciòn muscular,
la ùnica demostraciòn sobre sus palabras.
_ Tengo la inteciòn que sigas
conmigo. Mi negocio prosperò por tu presencia.
7
Recibiò por primera vez en casa
de Tella, a su futura esposa junto con sus padres, Niyara cocinò, supervisada
por la prima solterona. tambièn por primera vez, no se alojò en su viejo
cuarto, ya que no podìa dormir con la esclava.
Increìblemente, le gustaba dormir
con ella, a sentirla abrazàndolo dormida, a besarla por las mañanas, a su
cabello finìsimo enredado, a tocar sus muslos con las suaves escamas que
tornasolaban con el sol.
Niyara solìa demostrarle su
cariño durante el dìa, dàndole un sandwich cuando trabajaba sin descanso,
tambièn, solìa sentarse sobre èl durante un instante solo para besarlo
largamente en la boca, enredando las lenguas, refregàndose, en esas ocasiones
siempre le hacìa el amor, si ya era amor, tambièn le gustaba verla cocinar en
su casa, o acariciarle la curva de la espalda, cuando en el negocio no habìa
nadie.
La sorpresa fue que su futura
esposa se tomò a mal la presencia de Niyara, maltratàndola sobremanera,
mostràndose autoritaria, recordàndole al instante a su madre, lo que lo hizo
regresar a la nave durante la noche, de ànimo torcido.
Niyara dormìa con la luz
prendida, vestida pero con su maravilloso cabello extendido alrededor de la
cabeza, acostumbrada a dormir con èl, de manera inconciente lo buscò para
abrazarlo, quedò pensando, en el gran contrastae entre su futura esposa y
Niyara, quedando favorecida ampliamente esta ùltima.
Claro, que su novia era una mujer
libre y esta esclava, para todo lo que èl gustara mandar.
Cavilaba tambièn, que estos
pensamientos le hubieran resultado imposibles antes de obtener la esclava,
jamàs de los jamases.
A su lado, Niyara, se estirò,
haciendo sonar los huesos de la espalda, produciendo un chasquido, para de
inmediato, seguir durmiendo, metiò la mano bajo el trapo que usaba para dormir,
acariciando la piel suave y a la vez ligeamente àspera de las escamas que en apariencia protegìan la columna,
aunque eran un adorno.
Hizo algo impensado, rascò
suavemente la espalda porque sabìa que le gustaba mucho, como si fuera un huci
del planeta (especie de gato) que disfrutaba de
la rascada, solo le faltaba ronronear, supo que bajo esa inocente
rascada ese ser, disfrutaba, plenamente.
_ Es muy placentero. _ murmurò con
su voz suave.
La rascò durante varios minutos,
hasta que ella se sentò en la cama, sacàndose el trapo, subièndose sobre Blizz,
que la miraba casi en èxtasis por la belleza de la esclava, con su brillo verde
azulado.
Permitiò que lo cubra de besos,
sintiendo sus pechos sobre el torso desnudo, largamente se detuvo en la boca,
mientras muy despacio se introdujo el pene dentro, gimiendo entre sus labios,
movièndose despacio, buscando el placer lentamente, como si prendiera una
brasa, muy de a poco, hasta que Blizz, si el mismo Blizz sintiò como algo salìa
de èl.
Algo màs que sus fluìdos para
inseminar y continuar con su linaje, algo màs profundo, algo de èl, una
emociòn, un sentimiento, que llevò a sentarse en pleno orgasmo, abrazarla
buscando los labios, con cierto gusto a mar o eso le pareciò.
Aùn unidos, sentados en el catre
de la nave, Niyara apoyada en su cuello, abrazàndo su cuerpo flaco, pero de
fuerte contextura, como todos los hombres de su planeta, murmurò:
_ Si te causo problemas, vendeme,
Falta poco para el encuentro de traficantes de esclavos.
Sin salir de ella, la dio vuelta,
quedando arriba, buscando sus labios de nuevo.
_ No. Sè que esto es porque sos
mi esclava, pero me gusta convivir con vos.
Niyara lo mirò acariciando el
rostro, con cariño, los ojos brillantes, casi del color del pelo y del mar.
_ A mì tambièn, me gusta nuestra
convivencia.
8
Tres meses màs tarde, aterrizò la
nave frente al mar, en el exacto lugar que la vez anterior que acudìa al
encuentro, al abrir la rampa, la alzò en brazos, no la bajò hasta el momento en
que pisò la arena, tibia, por el efecto del pequeño sol en pleno verano.
Como para Blizz la verdad era màs
alucinante que la imaginaciòn, la tomò de la mano, caminaron hasta el borde del
mar, acomodò el cabello detràs de las orejas, porque el viento lo agitaba, de
manera constante.
_ Me casarè, porque ese es
nuestro mandato. No sè porque te digo esto. Por esto es, que los hombres
vivimos solos tanto tiempo, para aprender a comerciar, como lo hace mi
familia hace generacines. Pero aprendì
algo màs, Niyara.
Callò porque las palabras
tiernas, que salìan desde adentro, eran costosas para que Blizz las exprese,
debìan atravesar varias capas de la dura corteza, que envolvìa su cuerpo
emocional.
Niyara lo besò en la mejilla, no eran necesarias las palabras, junto al mar, a pesar del collar, con
las piedras atada màgicamente, el resplandor era muy notorio, asì como un
extraño perfume salino, como de alguna planta marina, que olìa en los mercados
del puerto.
La besò, dulcemente, sin
requerimiento, ella tenìa ese aroma, mientras con sus manos, maniobrò con el
collar, hasta desprenderlo, Niyara retrocediò con gesto de temor, tomàndose con
ambas manos la garganta.
Con ese miedo en los ojos,
observò como Blizz, sacaba el lazo dorado, el chip que la acompañaba, su record
personal, arojando todo sobre la arena, al que sumò el collar, sacò su pistola
de iones, quemò todo, en un segundo las cenizas, por el viento, fueron
esparcidas hacia el mar.
Al mirarla, de los ojos de Niyara
manaban làgrimas translùcidas, al resbalar sobre su piel, ahora mucho màs
brillante, parecian gotas de aguamarina.
_ Tengo que decirlo, aunque ya te
diste cuenta. Sos libre.
Sin acercarse, sus pies tocaron
el mar, algo sorprendente ocurriò, fue cubierta por completo por el resplandor
verde azulado, a la vez que un remolino imposible por la pequeña cantidad de
agua a sus pies, la cubriò.
Al instante cayò, Niyara con toda
la potestad de su elemento, muy hermosa, màs real, por lo menos para Blizz, lo
abrazò y besò, la energìa del agua, que movìa convicciones arraigadas
profundamente, lo atravesò.
Supo que Niyara por una extraña
razòn lo amaba, quizàs por la costumbre.
_ Crecimos juntos. Sos mi roca
sòlida, tambièn mi libertad, Blizz
Hasta la voz sonaba diferente,
profunda, sensual, a la vez càlida, comprendiendo los cuentos de los marinos
sobre esas voces que los atrapaban, eran legendarias en toda la galaxia.
Se desnudò, el cuerpo
resplandecìa, se miraba las manos, como sorprendida, se tirò a sus bazos, para
besarlo, de manera inconciente, ambas manos fueron a sus nalgas, hicieron el
amor despacio, el placer era algo que siempre sorprendìa al concreto Blizz.
_ ¡Què bien me siento! _ expresò
con una felicidad casi infantil.
Durante cuatro horas se amaron,
hasta que ella se levantò, corriendo hacia el mar donde se sumergiò, Blizz
quedò por espacio de media hora mirando el agitar suave del agua.
Subiò a la nave, poniendo rumbo a
la casa de sus padres, donde lo esperaba su novia y una nueva vida.
Epìlogo
Veinte rotaciones màs tarde,
Blizz vendìa sus cosas en el mayor encuentro del planeta, donde acudìa gente de
toda la galaxia, incluso de planetas muy lejanos como la Tierra misma.
La multitud acudìa a las
numerosaas carpas del gran encuentro que duraba dos semanas, con una enorme
variedad de espectàculos, cantantes, vendedores de comida.
Con su mujer pasò rotaciones
discutiendo hasta que le dejò todo, yèndose a vivir solo, sufriendo el escarnio
de la aldea y de su familia.
Con el tiempo sus hijos se
acercaron, pero jamàs hablò sobre la prisiòn emocional en la que vivìa, solo
escuchaban hasta el cansancio por parte de su madre que no tenìa sentimientos,
que todo le daba lo mismo, que para lo ùnico que servìa era para acumular
dinero.
Dos de ellos, trabajaban con èl, a
pesar que su caràcter era imposible, que la madre tenìa parte de razòn ya que
vivìa para trabajar y gruñir.
El encuentro funcionaba mejor de
lo esperado, sus mercaderìas eran buscadas por el excelente precio y màxima
calidad, pero a pesar que durante los tres primeros dìas de venta habìa
recuperado lo invertido, ya todo era ganacia, la cara torva de Blizz, sus
parcas respuestas no cambiaban.
El quinto dìa, hubo un gran
recital de mùsica, su hijo mayor fue a ver ya que durante un par de horas la
venta mermaba, Blizz y el segundo hijo un joven, llamado Ramuti de carácter
alegre, que chocaba de manera constante con el de su padre y hermano mayor,
pero se querìan y toleraban.
Blizz comprò dos cervezas, al traerlas
lo ayudò para la reposiciòn, de unas bolsas que estaban fuera del puesto
en una especie de trailer.
Mientras buscaba en la bolsas,
escuchò una discreta tos a su espalda, un poco harto de atender gente, que le
hacìan todo tipo de tontas preguntas, que a veces respondìa y a veces no, aùn
con el chop en la mano se dio vuelta dispuesto a ladrarle a quien sea, pero
quedò literalmente paralizado al estar observando a Niyara.
Tenìa el cabello hasta la cadera,
atado en la punta, claramente no era una niña, pero la magia detuvo crecimiento
en unos treinta años, hermosìsima y lo miraba tan sorprendida como èl
mismo.
Durante casi un minuto se miraron
para luego abrazarse, Blizz escuchò en su oìdo:
_ Perdòn Blizz por no venir a
buscarte
_ Tampoco te busquè.
Aùn abrazados, hablò con esa voz
encantadora de marinos:
_ Tuve muchos amantes, novios, me
ofrecieron y regalaron de todo, menos lo que me diste vos.
_ ¿Què? _ preguntò con su
sequedad habitual.
_ Libertad.
Durante un segundo se miraron,
Niyara era màs alta, al menos una cabeza, los labios se unieron larguìsimo
rato, tocàndose mutuamente, hasta que
escucharon:
_ ¡Oh!
El hijo menor los miraba, pero lo
que màs lo sorprendìa era la expresiòn de su padre, radiante, su madre tenìa
razòn y no a la vez.
Porque Ramuti, se dio cuenta que
su padre amaba a esa extraña mujer, bella, que lo mirò riendo en voz alta, para
despuès decir con un musical acento:
_ Tu hijo piensa que me amas.
_ Metiche elemental, es cierto.
Para sorpresa de Ramuti, su padre
riò a carcajadas y besò a la elemental.