La Helicoidaleidad
1
Lynn terminò el trabajo en la biblioteca,
archivò unos libros, apagò las màquinas, saliò del lugar desconectando la
electricidad central, dejando la alarma, la noche frìa, se abrochò el abrigo,
mientras cerraba la puerta, sintiò el caño de una pistola en la espalda.
_ Dame la cartera.
Suspirando se la
dio, sin mirar, reboleò todo, sacando un poco de dinero, el telèfono, la tablet
comprada hacìa menos de un mes, todavìa no conocìa todas las funciones.
_ Abrì la
biblioteca. Esto no es nada.
_ No hay dinero
adentro.
El tipo, la golpeò
en las costillas.
Escuchò un sonido
ahogado, borboteante, algo mojò sus pantorrillas, al segundo se dio cuenta que
era sangre, un tipo completamente de blanco, con una capa flotante, màscara
blanca con ojos tapados, triangular con un punto rojo en la frente.
Ahora sì, se
apoderò de ella un terror adrenalìnico, corriò por el callejòn de la biblioteca
a la calle, sobre su cabeza escuchò ruidos, el tipo de blanco le cortò el paso.
_ Pero, perrita,
hace mucho que no te veo.
La embistiò aplastàndola
contra la pared, le tapò la boca, pataleaba, hasta que le pegò una trompada a
la altura de los riñones.
_ Mi perra, esta
vez, te traje algo.
En pleno callejòn,
le puso cinta en la boca, la esposò, midiendo la altura a una escalera de
incendios, los pies casi no tocaban el suelo.
Al sentir las manos
enguantadas, sacacàndole los pantalones y la bombacha, se debatiò, pero se pegò
a ella, pellizcando fuerte una nalga.
_ Te dije algo. Hoy
no va a dolerte.
El tipo se abriò el
traje, violando a Lynn que lloraba, ahogàndose con la boca tapada.
_ Asì, sufrì. Que
placer, siento tu dolor.
La mano enguantada
del loco, puso algo sobre su clitoris que vibraba, mientras se movìa, de
pronto, tuvo un orgasmo que la hizo ponerse rìgida.
El tipo, con una
mano adelante sosteniendo el pequeño vibrador, la otra sobre la nalga, sintiò
la contracciòn violenta, casi dolorosa, al segundo eyaculò, quedando con la
cara enmascarada apoyada en la espalda vestida de Lynn, que estaba pasmada por
lo ocurrido.
El tipo saliò, se
cerrò los pantalones sin sacarse el profilàctico, limpiò a Lynn con cuidado, la
vistiò, sacò las esposas, ella se arrancò la venda.
Le dio papel para
que se limpie, Lynn se sonò la nariz, dàndole una cachetada, que hizo cimbrar
la capucha, le puso el aparatito vibrador en el bolsillo del pantalòn.
_ Te lo regalo.
Escuchaba las
sirenas de la policìa.
_Llamè _ dijo èl.
_ ¿Porquè no me
dejas en paz? ¿No te aburre?.
_ Ni que lo hiciera
todos los dìas. Sos mi perra preferida. La màs perversa. ¿Por qué no le decìs a
tu novio? Que el sùper hèroe de la ciudad te viola cada tanto, ¿Desde hace
cuanto...? ¿Diez años?
Lynn tuvo ganas de
matarlo, para el lado de la biblioteca estaba el tipo destripado.
Pasò el resto de la
noche declarando que el tipo la quiso asaltar, Lluvia la defendiò, mostrò el
golpe de la espalda y riñones, fotos, medico legista, la cara preocupada de
Milo en la recepciòn, estaba muerta por eso lo dejò llevarla a su casa y
prepararle algo de comer porque pasò toda la noche en la burocracia policial.
Varias veces tuvo
ganas de decir lo que le pasaba, pero callò, sin saber si era por miedo a que
la creyeran loca o le preguntaran porque no lo hizo antes.
_ Quedate a dormir.
Voy a trabajar.
Le dio un beso en
los labios, oscureciò la habitaciòn, la arropò antes de salir.
Estirò la mano al
pantalòn sacò el vibrador era como un pequeño insecto, con tres patas, lo
prendiò sintiendo vibrar la mano.
Tenìa cosas que no
podìa explicar.
2
Despertò a media
tarde, se puso una bata, le dolìa la cintura, buscò los anteojos de repuesto,
al mirarse al espejo, pensò que le faltaban las orejas y era una laucha
completa.
Saliò de la casa,
rumbo a la òptica, debìa encargar los anteojos nuevos, hizo las pruebas,
estarìan listos en dos dìas.
_ Llevate los de
contacto. Hasta que te entregue los otros._ explicò la oftalmòloga de toda la
vida
Se los enseño a
poner, explicàndole que eran modernos, le puso una gota en cada ojo, hasta que
los sintiò còmodos.
_ Si te incomodan,
ponete los otros. Aunque sean del siglo XVIII.
Regresò a la casa,
su tìa la esperaba, la abrazò, viajaba mucho, pero ahora avisò que se quedarìa
un par de dìas, tambièn que Milo la verìa en la iglesia.
A las ocho, fueron a la iglesia, agradeciendo su suerte, sintiò la
mano de Milo en la suya, las llevò en el auto de vuelta, al dejarla en la
puerta de su casa, la besò profundamente, diciendo:
_ Pronto estaremos
casados, Lynn.
Se fue a acostar,
su tìa dormia con la radio, era un tanto sorda, por eso no sintiò cuando Lynn
llorò agarrada a la almohada, masticando el miedo que sentìa desde hacìa mucho
tiempo.
Llorò hasta que se
quedò dormida, con un espantoso dolor de cabeza.
3
Durante meses se
metiò de cabeza en la rutina, su trabajo en la biblioteca, salir con Milo a
cenar, al cine o ambas cosas, la iglesia, los preparativos de la boda.
Toda la vida
rutinaria, gris, regada por los comentarios de la gente, las noticias, tambièn
los insoportables videos subidos a la red, del supe hèroe local Niebla.
Con el aguinaldo
sin decir nada a nadie, fue a un shopping elegante de la ciudad, con la idea de
mirar modelos para el casamiento.
Como era tìmida y
vergonzosa, volviò a ocultarse tras los anteojos con marco, pero llevaba dos
cosas que jamàs dejaba, el pequeño vibrador y los lentes de contacto en una
cajita.
Mirò los trajes,
tambièn vestidos, aunque le parecìan bonitos, pensaba que eran muy
estrafalarios, escotados o muy sugerentes.
Comprò un helado,
mirando vidrieras de una gran librerìa, junto a esta una casa de zapatos muy
bonitos, aunque el atuendo que tenìa en la mente, unos blancos de taco no muy
alto quedarìan bien.
Venciendo la
timidez, entrò al local, permitièndole a una amable vendedora que le pruebe
unos, blancos, con pìedras, muy altos, al pararse tambaleò, no pudo dar un
paso, serìa el hazmereìr de la fiesta.
_ Señorita, puede
ponèrselos antes, para aprender a caminar.
Se mirò al gran
espejo, diseñado para favorecer a las mujeres, que se vean un poquitìn màs
delgadas y sofisticadas.
Los tacos altos,
con piedras como los de cristal de la cenicienta, torneaban las piernas, la
vendedora la enderezò, se veìa con otro porte, no tan lauchesco, quizàs,
llegando al hamster.
Se probò unos
blancos, con una lìnea de metal plateado entre el cuero y la plataforma, cuando
sus ojos cayeron en unas botas negras, hasta la rodilla de taco altìsimo.
La solìcita
vendedora se las alcanzò, mientras le envolvìa los blancos, las botas suaves al
tacto, muy còmodas, taco stiletto, cuero fino, se levantò la pollera, girando
un poco, levantaban su cola.
Las comprò sin
saber la razòn, solo que sentir la pantorrilla con las botas le resultò
extrañamente placentero.
Saliò corriendo del
shopping como si hubiera robado algo, reboleò en el otro asiento los paquetes,
preguntàndose porque comprò las botas.
Ninguna de sus
prendas eran aptas para esas botas, se las regalaria a su hermana menor,
Serena, le quedarìan pefectas.
4
Una semana antes de
su casamiento, tuvo dos despedidas de soltera, una con sus tres compañeras de
la biblioteca, la otra con las chicas de la iglesia.
Con sus compañeras
de la biblioteca fueron a un local de strippers, donde Lynn sintiò vergüenza
ajena de su jefa la señora Flores, por los gritos histèricos, cuando el
marinero arrojò la zunga en el rostro de la señora.
La otra fue en la
casa de Cinthya, con un mago, cosas ricas, tragos, bailes y juegos, de los que
se suponìan pìcaros, en ambas ocasiones la disfrazaron.
Vestida de
prostituta las chicas de la iglesia la dejaron en la puerta de su casa, la tìa
le sirviò un tè, antes de irse a acostar.
_ Sos tan mansa,
querida. Como si te contuvieras.
_ ¿Què decìas tìa?
_ Nada. Buenas
noches.
Con el tè en la
mano fue a su cuarto, abriò le placard para buscar un camisòn, cuando vio en el
fondo la bolsa con la caja intacta de las botas, descalza, con las medias
negras por la mitad del muslo, las sacò, se las puso sentada en la cama.
El espejo era
pequeño, pero se alejò un poco, tenìa un corpiño negro con flecos dorados,
armado que juntaba sus senos, de manera absurda, horrible, unos shorts clavados
en la cola, con una bombacha cola less dorada y negra que no se veia, las
medias negras y las botas.
El cabello batido,
exceso de maquillaje en los ojos, en los labios un rojo furioso, aros grandes,
se sacò los lentes, colocàndose los de contacto.
Mirò la puerta, no
era ella, podrìa salir solo para tener otra vida, un marido que querìa ser amo
del bufete de contadores, feligrès de la iglesia.
Caminò sobre los
stilettos, tambaleàndose hasta que consiguiò dar dos pasos sin balancearse,
escuchò una risita en la ventana, se llevò las manos a la boca, por el miedo,
el esfinter le mandò una señal
_ No sos mi perra.
¿O sì?
Sin darse cuenta
retrocediò hasta la puerta buscando el picaporte, pero saltò, al abrir la
puerta, èl volviò a empujarla, apoyàndose sobre ella.
En su oreja
escuchò:
_ Como es tu
despedida de soltera, te va a doler.
Le tapò la boca,
agarràndole los brazos, con la otra mano le puso un precinto que le cortò la
circulaciòn, la tirò de cara en la cama, con las rodillas en suelo, sintiò que
algo metàlico cortaba los shorts, al mismo tiempo que la tanga.
Sin sacarse el
guante, la empujò contra la cama, metièndole los dedos en el ano y la vagina.
_ Tu culo, me
vuelve loco.
Lo mordiò hasta que
Lynn gritò con la banda en la boca, le dolìa espantosamente, la penetrò por el
ano, despacio, para al instante empujar con todas sus fuerzas, desgarràndola,
emitiendo gemidos de placer, ante su dolor.
La tomò de cuello,
ambos de rodillas, cortò el corpiño, tirò de los pezones, se debatìa pero
Lluvia tenìa una fuerza tremenda, de nuevo hablò en su oreja jadeando, excitado.
_ Me gusta cuado te
contraès. Parece que me la vas a cortar.
Lynn sostenida por
el cuello, escuchando sus jadeos animales, que apoyò algo frìo sobre el
clìtoris, al segundo una descarga elèctrica la hizo contraerse, hubiera caìdo
si no la sostuviera.
_ Asì, màs.
Lo hizo varias
veces hasta que eyaculò, pero Lynn no pudo retener, orinò sobre el guante de
Lluvia, electrocutàndose màs, la dejò caer sobre la cama, con las rodillas en
el suelo.
Cortò el precinto
de las manos, los hombros le dolìan, la vagina le quemaba, se sacò la mordaza,
buscando aire, trepò a la cama sollozando.
Cantò, con la
mùsica de la marcha nupcial, los labios cubiertos por la màscara, sobre su
oìdo.
_Se casarà, se
casarà, mi perrita, se casarà. Una vida gris le esperarà.
Siguiò sollozando,
con la cara enterrada en el acolchado blanco, saliò por la ventana, al rato se
levantò se quedò bajo la ducha hirviente por espacio de una hora, se puso el
camisòn, la bata, juntò toda la ropa desgarrada, las botas, metièndolas en una
bolsa.
Las puso en la
parrilla, fue al garage, sacò nafta del auto con una manguerita, tiro nafta a
la bolsa, prendièndola fuego.
No se fue a acostar
hasta que solo quedaron cenizas.
5
Dos años màs tarde,
hablaba con su marido que estaba tomando un retiro con otros maridos de la
iglesia, el bebè dormido, estaba en la cocina ordenando.
_ Si, te espero
mañana. Viene tu madre a cenar.
Lavò los trastos,
al pasar un trapo por la mesada, los pechos le dieron un tiròn, el niño tenìa
casi un año, ya trabajaba, pero aùn tenìa leche.
En bata y camisòn
barriò, pasò un trapo al piso, cuando pasò por la puerta trasera de la cocina
abierta, pero con la del mosquitero cerrada, una sombra tapò la luz solar que
entraba.
Al levantar los
ojos, Lluvia impactante por lo enorme, tambièn por el traje, que apretujaba su
cuerpo musculoso, suspirò con cansancio.
_ Mi perra tuvo un
cachorro. _ hablò a travès del mosquitero.
_ Maldito
degenenerado, mi hijo està arriba.
_ Durmiendo_ dijo
entrando a la cocina_ No me importa, te
lo hago con èl llorando a tu lado.
Infantilmente, puso
el lampazo entre ambos.
_ Basta, te lo
ruego.
_ Me gusta que
ruegues. Siempre te lo digo, sos mi vìctima perfecta.
Retrocediò hasta
quedar a unos metros, la cocina era amplia, luminosa, con una mesa, sillas, la
vida familiar solìa transcurrir allì.
_ Dejame en paz.
_ No vengo todos
los dìas.
Le reboleò el
lampazo, huyendo para la entrada de la casa, pero al segundo chocò con Lluvia,
que la sostuvo para que no cayera.
La llevò de la
mano, hasta sentarla en una silla, diciendo:
_ Vamos, no
depertemos al cachorro de mi perra.
Mirò para otro
lado, cerrando los ojos, de los que escaparon lagrimas de terror, cubriò los
ojos con un repasador, apretàndoselos, con la tira de la bata atò las manos, al
respaldo de la silla.
Se arrodillo frente
a Lynn, abrièndo las piernas, despacio, abriò la bata, desabrochò el camisòn de
santurrona, hasta descubrir los pechos, estaba roja, porque con las manos
jugueteaba con los pezones, sintiendo como la leche acudìa sin que pudier
retenerla, se morìa del terror y la vergüenza.
_ Simplemente,
magnìfico.
Seguramente tenìa
levantada la màscara, porque sintiò sus labios lamiedo las gotas.
_ Es asquerso, pero
me calienta.
Succionò, lo que
para mal de Lynn le dio una presiòn en el bajo vientre, con la otra mano
tironeaba despacio, al pasar al otro pecho, la mano fue a su entrepierna.
_Hoy te toca gozar.
Mientras
succionaba, mordisqueando, la tocaba despacio, la desatò de la silla, pero atò
las manos en la espalda, con toda facilidad, la sentò en la mesa, volviò a sus
senos, agarrado a sus nalgas la penetrò, estaba completamente hùmeda.
_ Ah... mi perrita.
Ama que la someta.
Empujò como un
animal, de pronto Lynn tuvo un orgasmo, sin que lo pudiera evitar, casi olvidò
la sensaciòn, hasta se pensò frìgida, sintiò como el pene de se inflaba antes
de acabar dentro del profilàctico, dàndole un placentero escalosfrìo.
Niebla la mirò aùn
unido a ella, con los ojos vendados, los labios rojos, abiertos, respiraba
agitada, los pechos al descubierto, como tenìa la màscara levantada, la besò
por primera vez.
Se debatiò, hasta
que la tomo de los hombros, para inmovilizarla, apretàndoselos, no respondiò al
beso.
La soltò
acomodàndose la màscara, le arrancò el repasador, la desatò, tontamente, se dio
vuelta para abrocharse el camisòn y cerrarse la bata.
_ Te sienta el ser
madre.
Escuchò el
mosquitero cerrarse, mordiò el repasador, para no gritar del odio y el miedo.
6
Una vez por semana
recibìa a las damas de la iglesia, a tomar el tè, cuando hacìa frìo en la sala,
cuando era clima templado, en el jardìn.
Solìa preparar
tartas o algo màs sofisticado como brownies o lemon-pay, su tìa la ayudaba a
preparar todo, en general hablaban sobre los eventos futuros de la iglesia,
alguna ayuda en particular o simplemente tonterìas domèsticas, hijos, maridos o
suegras.
Con la taza de tè
en la boca escuchaba a las mujeres, participaba, lo disfrutaba, porque en
general esas mujeres tenìan las mismas dificultades que ella.
Esa tarde
decidieron con los fondos, pintar la iglesia, comprarìan la pintura, la señora
Rodriguez se encargarìa de buscar un pintor, tenìan que hacer unas reparaciones
menores, tambièn en dos domingos, una feria del plato.
Al despedirse,
recibiò una llamada de Milo, se quedarìa trabajando hasta tarde, mientras
preparaba la cena de Daniel que daba los primeros pasos, agarrado a los muebles
de la cocina.
_ Cuidado, que no
se te abran los cajones _ dijo, mirando atentamente a su hijo.
Mientras le daba de
comer, pensò que hacìa rato que su marido tenìa trabajo, pero Lynn era un poco
cruel con ella misma, por eso se preguntò si eso la molestaba o la aliviaba.
Ordenò la sala, la
cocina, saliò al jardìn, con un saquito sobre los hombros, en su propiedad
habìa un limonero, un acer de hojas rojas, pero que en esa època caìan,
amarillas sobre el pasto.
Con el rastrillo en
la mano mirò el contraste entre las hojas y el pasto, antes de juntarlas,
pensando en la nueva entrega para la biblioteca, el papeleo era insoportable,
metiò las hojas metièndolas en una enorme bolsa, la sacarìa mañana.
La noche era
esplendida, la comida estaba en el horno, esperando a Milo, con una botellita
de cerveza, se sentò en las escaleras del porche trasero a leer un libro.
Lo habìa leìdo
cuando era adolescente, la transparecia del mal, lo comprendìa de otra manera,
porque ella colaboraba con ese “mal” que todo toleramos a diario y frente a
nuestros ojos.
Lluvia se
materializò, cuando la humedad se disipò, dejò el libro al costado, miràndolo
resignadamente.
_ Aburro a mi
perra. Entonces le dolerà.
Hizo el ademàn de
agarrarla de los pelos, pero Lynn sacò de detràs suyo una pistola taser, que
clavò directamente en la màscara blanda, que era de tela.
Lo hizo con tanta
fuerza, que atravesò la màscara, recibiò la descarga elèctrica directamente en
el pòmulo izquierdo, cayò hacia atràs.
Lynn entrò a la
casa, trabando la puerta, corriò
escaleras arriba, cerrando con llave la habitaciòn de Daniel que dormìa
plàcidamente, se encerrò en su cuarto, metiò la llave en el cajòn, sacò la otra
pistola de electricidad, en el baño, no solo puso llave, sino que atravesò la
linda còmoda, que tenia las toallas.
A Lluvia no lo
detenìan cerraduras o puertas trabadas con muebles antiguos, podìa trasladarse
con la humedad ambiente, apareciò en el baño, con la màscara blanca manchada
con sangre.
Lo atacò
nuevamente, forcejearon, tirò un par de patadas, fàcilmente, Lluvia pegò un
ganchò al hìgado, que la doblò en dos, quedando sin aire.
El baño estaba
divido en dos, estaban del lado de Lynn, la sentò en una sillita blanca muy
mona, que utilizaba para apoyar sus ropas o sentarse delante del espejo para
depilarse las cejas.
Tardò en recuperar
el aire, el costado latìa dolorosamente, la agarrò de la barbilla,
apretàndosela la acercò a su rostro, podìa sentir el aliento, tambièn la furia.
_ No te resistas.
Como siempre,
obedeciò, la llevò frente al espejo del baño, enorme, con luces fuertìsimas, la
sodomizò, mientras la miraba por el espejo.
Bajò la cabeza,
pero le tirò del pelo hacia atràs, obligàndola a mirarse.
_ No cierres los
ojos, perra mìa
Diez minutos màs
tarde, todo terminò, agarrado a sus senos cubiertos por la blusa, jadeando en
su oreja, sin pensar fue al bidet, abriò el agua frìa al instante sintiò
alivio, no le importaba que la mirara.
Se agachò, apoyando
el brazo en su pierna.
_ Mi perra, se
vuelve vieja.
Lynn lo mirò con
odio, metiò la mano enguantada en su entrepierna mojada por el agua, la
masturbò con rapidez, con el otro brazo, la apretò contra èl.
_ Quiero
escucharte.
Obedeciò, porque
entre el agua y la superficie àspera del guante, tuvo un orgasmo, aunque no
querìa, las lagrìmas cayeron, mordièndose los labios.
_ No quiero màs,
por favor.
_ Te gusta,
admitilo _ susurrò con su voz grave.
_ Mi cuerpo, a
veces. Pero yo te odio.
Desapareciò,
dejando algo parecido a vapor de agua, Lynn ordenò el baño, tomò el espejo con
aumento, acercàndolo a los ojos, la comisura de los labios, el ceño.
No tenìa arrugas,
apoyò el espejo en el màrmol de la mesa con el vanitory.
_ Idiota.
7
Mientras cenaban, a Milo le gustaba mirar las
noticias, mientras desayunaban, ella las odiaba porque muchas veces se enteraba
del buen accionar de Lluvia.
Esa mañana fue el
caso, mientras hacìa sus tareas pareparando las cosas del jardìn de Daniel, sus
cosas del trabajo, se puso los auriculares para no escuchar las noticias.
Dejò a Daniel en el
jardìn, luego su tìa irìa a buscarlo, estaba a solo tres calles de su casa.
Prendiò las luces
en la biblioteca, ese dìa estaba sola, preparandose para abrir, al entrar en su
oficina, que estaba llena de papeles, libros, una cafetera, un escritorio
desordenado, un còmodo sillòn de cuerpos, con el tapizado gastado.
En el automàtico
laboral pegò un grito, Lluvia se encontraba sentado en el sillòn, con el traje
sucio, los guantes con sangre en los nudillos, una mancha roja en el brazo
derecho, la pantorrilla chorreaba sangre.
Lynn se asustò, lo
escuchò decir.
_ Me hirieron. Voy
a desmayarme en cualquier momento.
Fua al cuartito de
trastos, que tenìa las cosas de limpieza, tambièn el botiquìn, solo con
tonterìas, pero habìa dos paquetes de endas, gasas desinectante.
Con todo el asco,
limpiò la pantorrila, sacando los restos del traje adheridos a la herida, echò
alcohol, contrajo los musculos, tapò con gasas todo, vendàndolo fuerte,
cortando la hemorragia.
_ El brazo no es
nada, me atravesò un tiro.
Lo dejò allì, pero
antes prndiò la cafetera, dio comienzo a su dìa, bastante tranquilo por cierto,
Lynn tenìa dos vidas, no sabìa en muchas ocasiones cual era la real.
Los ojos de su
hijito, la empujaban màs que nada, a que esa parte era la màs verdadera al
menos, la màs sana.
Ordenò los
estantes, sacò un libro en versòn adolescente de doctor Jeckill y mr. Hyde,
sonriò porque la cosa no era tan lineal, acababa de ayudar al hèroe de la
ciudad, que la violaba cuando menos lo esperaba.
A la seis cerrò,
era el horario de invierno, hablò con su tìa, porque Milo llegarìa tarde, ella
quizàs tambièn.
Entrò al despacho
con la esperanza que no estuviera, pero estaba durmiendo sentado como antes,
despacio se acercò tentada de levantar la màscara.
Jamàs se preguntò
quien era, quizàs alguien muy cercano, ¿su marido?, estaba muy segura que no,
por cuestiones ìntimas.
La mano temblorosa
se acercò al cuello donde encajaba la màscara en el traje, suspirando se sentò
en un taburete polvoriento, junto al sillòn.
Se tapò el rostro
con la manos, angustiada por que Lluvia la sometìa, era la mejor en ese papel,
Lo dejò durmiendo
sin apagar las luces, ni cerrar la puerta, regresò a su casa, jugando con su
niño, mirando el cuaderno donde la maestra volcaba sus impresiones.
8
Un sàbado por la mañana Milo saliò con Daniel
a un encuentro entre padres e hijos, de la iglesia, un dìa de campo, con fùtbol
incluìdo.
Aprovechò que su
tìa estaba con su madre para lavar sàbanas y toallas, iba por la segunda tanda,
tenìa como cuatro sogas con sàbanas ya secas.
Durante un momento
pensò en sus padres, hacìa un año que no los veìa, vivìan del otro lado del
paìs, irìan para Navidad, a pasar unos dìas, desde siempre la relaciòn entre
ellos fue distante, su hermana vivìa aùn con ellos, su hermano mayor los
visitaba seguido.
La primavera càlida
soleada, ayudaba a que todo quedara perfecto, descolgaba doblando, al mismo
tiempo que colgaba, esta vez toallones.
En la cuarta soga,
al descolgar las sàbanas, Lluvia estaba detràs, sin sobresaltarse, doblò la
sàbana, reemplazàndola por un toallòn de Mickey.
Sin hablar, se puso
detràs, apoyando las manos enguantadas, siguiendo cada movimiento, solo le
tocaba las manos, cubrièndolas.
Podìa sentir el
calor corporal, el aliento junto a su oreja, hasta que metiò las manos bajo la
blusa, apretàndola, le subiò la pollera, metièndosela, para su mal estaba
hùmeda, lo escuchò, con su voz distorsionada:
_ Mi perrita
dispuesta.
Fue breve pero
intenso, la dio vuelta al terminar, le levantò el ala del sombrero, que usaba
para que el sol no rostizara su rostro.
Volviò a subirle la
pollera, tocàndola, penetràndola de nuevo, dàndole mucho placer, por una vez se
agarrò a èl, que se deslizò al suelo, entre las sàbanas y toallas que se
agitaban por el viento.
Con las manos
apoyadas sobre el pecho del traje, una coraza blanca, se moviò sobre Lluvia,
despacio, por una vez sin profilàctico.
La acompañaba con
el movimiento, tocàndola, hasta que lentamente, tuvo un tremendo orgasmo,
contrayèndose, se apoyò sobre el cuerpo de Lluvia, porque le bajò la presiòn.
La abrazò, mirando
el cielo.
_ Si no tuvieras
sangre meta, te matarìa.
_ ¿Discriminàs? _
preguntò apoyada en el cuello.
Èl riò.
_ No. Por lo que
soy, mato a las mujeres que penetro. Sos la ùnica que no muriò.
Lynn saltò hacia
atràs, el semen bajaba por sus piernas, recogiò la bombacha entrò corriendo a
la casa, se metiò en la ducha, odiando al mundo por ser meta, sus padres la
dejaron con su tìa por esa causa, sus hermanos, no tenìan el gen.
9
A principios de
diciembre, subiò al àtico para sacar los adornos de Navidad, el àrbol, Daniel
abrìa cajas con cosas viejas como si fueran tesoros.
Separò un par de
cosas que llevarìa a la iglesia, mucha ropa vieja, muy cerca de las cajas de
Navidad, una cosas del colegio secundario, libros viejos, boletines, fotos,
hasta que encontrò su diario, fue a la fecha, pero ese dìa nada escribiò, ni un
rastro del dìa que conociò a Lluvia, mejor dìcho, el dìa que chocò con la vida
de frente, solo tonterìas de adolescente, cuyos padres preferìan negarla.
Bajò una caja de un
estante, que tenìa escrito con marcador negro “papeles Lynn”, leyò el
certificado de nacimiento de la clìnica, con el anàlisis que la marcaba como
meta.
Por asociaciòn de
ideas, recordò que tenìa una cita con la ginecòloga, para que revise el diu,
bajò los adornos, el àrbol, apoyàndolos al costado de la escalera, se bañò,
cambiò de ropa, con Daniel en el asiento trasero del auto, llegò al
consultorio, tenìa una paciente adelante.
Al entrar Daniel se
quedò con la secretaria de la doctora Goldman, la revisò, le hizo el pap, la
colpo, al revisar los pechos, la vio fruncir el ceño, de hecho la dejò
doliendo.
_ ¿Pasa algo?
_ Tenès las
glandulas mamarias inflamadas. Acostate que te hago la ecografìa para ver el
diu.
Pasò el gel helado,
al instante la mèdica dijo:
_ Algo pasò, Lynn
el dispositivo està corrido. Estàs embarazada, de siete semanas
aproximadamente.
La mente quedò en
blanco, casi no escuchò cuando explicò que sacarìa el diu, la felicitò, condujo
de vuelta, en silencio.
A la hora de la
cena, hablò con su marido que de manera milagrosa estaba en casa y no
trabajando hasta tarde.
_ Estoy embarazada,
el diu se corriò o algo asì. Tengo que ir en un par de dìas, para que lo
retire.
Milo la abrazò
sonriendo, contento, querìa màs hijos, ella no, por eso dijo:
_ Estoy feliz, es
por la gracia de dios, amor.
_ Si. La gracia de
dios.
10
Dos meses màs tarde
el embarazo la tenìa a mal traer, sus amigas de la iglesia decìan que era una
niña, vomitaba, se mareaba, se dormìa en cualquier lado, iba como un zombi
usando un automàtico.
Fueron al cine con
Milo y Daniel, luego irìan al patio de comidas, una salida familiar, pero en
mitad de la pelicula, el liviano almuerzo, una ensalada, una manzana, se
negaban a digerirse, avisò a Milo, que iba al baño, acostumbrado, no le prestò
atenciòn.
Los baños del
compejo de cines estaban vacìos, por suerte muy limpios, vomitò la ensalada y
la manzana ìntegros, jadeando se agarrò el abdomen.
Apoyada en la pared
del cubìculo sonriò, acariciò el vientre que apenas abultaba, le gustaba estar
embarazada, lo habìa olvidado, era una especie de estado de bienestar, donde
nada podìa alcanzarla.
Se lavò los
dientes, siempre llevaba cepillo y pasta en la cartera, la cara con agua frìa,
secàndose con papel, al sentirse medianamente repuesta, dio un respingo, Lluvia
la miraba, con la espalda apoyada en los azulejos del baño.
_ ¿Vas tener otro
cachorro?
_ Ni se te ocurra
tocarme, enfermo.
La empujò contra la
pared, tapàndole la boca, le levantò la blusa, con la mano enguantada, acariciò
el vientre, acercò la cara a la suya, murmurando maliciosamente.
_ ¿Serà un Lluvia o
un santurròn?
Lo empujò,
gritàndole:
_ ¡Por favor! ¡Debe
haber un millòn de mujeres metas en los alrededores!
_ Pero ninguna es
mi perrita.
Desapareciò, esperò
a su marido e hijo en el lobby de los cines, tomando agua mineral.
11
Un dìa no aguantò
màs, estaba casi de cinco meses, con mucho malestar, en la biblioteca, buscò
por internet un laboratorio genètico, lejos de su casa, anotò el numero en un
papel, borrando la bùsqueda de la màquina.
Hizo una cita para
el dìa siguiente, hasta el horario no sabìa si acudirìa, el chiste le saldrìa
bastante dinero, tenìa un canuto ahorrado, pagarìa el anàlisis en efectivo.
Dio un nombre
falso, una direcciòn falsa, el mèdico solo le hizo las preguntas de rigor, de
manera impersonal, fue muy amable, porque al entregar las muestras de cabello
de Milo, sus manos temblaban.
Le hicieron la
prueba, siguiò minuciosamente el procedimiento, el monitor 3D, mostrò a su
niña, los mèdicos tomaron la muestra, se quedò dos horas en observaciòn, al dìa
siguiente era sàbado, se quedarìa en la cama descansando tal y como lo sugiriò
el mèdico.
Pasò un dìa muy
agradable, miraron pelìculas en la cama, comieron pizza, la pasò muy bien.
El domingo en la
iglesia, tambièn, disfrutò contenta, como si aùn sin saber los resultados, como
si algo se hubiera liberado en ella.
El malestar, los
mareos no aparecieron, sentìa los ligerìsimos movimientos de su niña dentro, le
hablaba, tambièn le cantaba, Milo la miraba con ternura, varias veces le dijo
que la amaba.
El martes fue a
buscar el resultado, el mèdico volviò a revisarla por las dudas, le dio el
sobre, cuando la despedìa hablò paternalmente:
_ Se la ve mucho
mejor que hace tres dìas.
_ Gracias, doctor. Me
siento mucho mejor.
_ Lo bueno es
perdonarse, querida.
En el auto, mirò el
sobre, ya sabìa el resultado, esperò a estar en el garage de su casa para
abrirlo, recibiò un wathsapp de su marido que cenarìa en la ciudad con unos
clientes importantes.
Con la luz interior
del auto mirò el galimatìas de porcentajes, en otro papel, escrito
prolijamente, con la firma del mèdico, indicaba que la muestra masculina no dio
resultado positivo.
Saliò del auto, fue
a la parrilla, con el encendedor largo que Milo usaba para prenderla, quemò el
sobre y los papeles, hasta que se convirtieron en cenizas, como su vida
matrimonial.
12
Cuando entraba de
seis meses, regresaba a su casa por la autopista con Daniel jugando con sus
muñecos de superhèroes en el asiento trasero, el trànsito estaba lentìsimo.
Prendiò la radio,
avisaban en las noticias que un accidente entre un camiòn y dos autos producìa
un atasco monumental en la autopista.
Llamò a su marido
que aùn se encontraba en la oficina, otro dìa que llegarìa tarde a casa, abriò
un jugo que comprò en el supermercado, dandole a Daniel que tenìa sed.
Puso mùsica porque
el tema venìa lento, de pronto tuvo una violentìsima contracciòn que la dejò
sin aire, respirò hondo, hasta que el dolor pasò, era normal, el cuerpo se
acomodaba al bebè cerca del nacimiento.
La mùsica fue
interrumpida, mientras enviaba wathsapp al grupo de madres del colegio, por los
disfraces de la obra del dia de la independencia, escuchò casi con miedo.
_ Nos avisan
oyentes, incluso hay imàgenes de celulares que estàn en este momento en las
cercanìas del puente 56, en la autopista, que el super hèroe local, Lluvia,
pelea con cinco delincuentes metas armados, que produjeron un choque en cadena.
_ ¿Lluvia està
adelante, mamà?
_ Por suerte
estamos lejos.
Muy nerviosa, saliò
del auto, junto con muchos otros. el puente estaba a unos cuatrocientos metros
de autos, no se veìa nada, pero Daniel que tenìa su celular gritò alborozado:
_ ¡Mamà transmiten
la pelea on line!
En ese momento no
fue una contracciòn sino una puntada tremenda en el pubis, que la hizo doblarse
en dos, buscando
aire, una señora
mayor se acercò junto con su marido, de ojos bondadosos.
_ Querida, no se te
ve muy bien. Jorge, llamà al 911.
_ Estoy bien.
Apenas hablò, un
lìquido corriò por sus piernas, la mujer la sentò en el auto, diez minutos màs
tarde el servicio de emergencias la evacuò en un helicòptero, Daniel estaba muy
contento por la aventura, los latidos del bebè se complicaban.
En el hospital, le
pusieron suero, rogaba a los medicos que salvaran al bebè, pero las
contracciones no se detenìan, hasta que en la sala de urgencias, se hizo el
silencio, los latidos del bebè dejaron de escucharse.
Lynn rompiò a
llorar desconsoladamente, media hora màs tarde, naciò su hija muerta, pidiò que
se la muestren, una enfermera limpiò la carita, acariciò la mejilla tibia por
salir recièn de su cuerpo, la sedaron llevàndola a un cuarto privado hasta que
determinen la causa del aborto, tambièn para que nadie la moleste.
Milo la esperaba,
llorò como un niño entre sus brazos, la consolò diciendo que podrìan tener
otro, no lo expresò pero se sintiò como una vaca de crìa, falla uno, va el
otro.
El mèdico indicò
que la sedarìan, durante la noche, Lynn pidiò que se lleve a Daniel, que dormìa
a los pies de su cama.
No quiso cenar, le
sacaron el suero le darìan pastillas, porque la hemorragia cesò, su ùtero
cicatrizaba bien, quizàs por su sangre meta, arriesgò el mèdico.
Todo estaba bien
pero cuando la enfermera se retirò apagando la luz, se dio vuelta, llorò,
porque pensaba que ser una pecadora mentirosa, llevò a la muerte a su hija
preciosa.
La culpa pesaba en
su corazòn, hasta que el miorelajante hizo efecto quedàndose dormida.
13
Despertò de noche,
tenia, frìo, manoteò la delgada manta del hospital, la ventana estaba abierta,
alguien estaba sentado en la cama.
Se tapò la cabeza,
aunque no querìa se puso a llorar en silencio, Lluvia la destapò.
_ ¿Te duele?
_ Mucho.
Pero se referìa al
cuerpo.
_ Quiero verla.
_ No por favor.
Sin hacerle caso,
la envolviò en la manta, desapareciendo, aparecieron en la morgue helada, la
dejò en una silla, mientras leìa los carteles de los refrigeradores, hasta que
abriò uno.
Lynn lo miraba con
la luz mortecina de la morgue desierta, se acercò temerosa, la bebè no estaba
como cuando saliò de su vientre sino con un color azulado, con las marcas del
hacer mèdico, de manera inconciente, se dio vuelta, apoyàndose en Lluvia,
temblando por el llanto.
_ Es muy bonita. Lo
siento.
_ ¿Porquè?
_ Sè que fuiste a
la clìnica genètica.
Lynn estallò, le
pegò con los puños, sin gritar, siseando escupiò:
_ ¡Maldito
pervertido, trastocaste mi vida por completo! ¡Mentì a mi marido, lo amo!
¿Entendès?¿Sabès que significa eso?.
La abrazò mirando a
su hijita muerta en el frìo acero de la morgue, aparecieron en el cuarto, la
ayudò a acostarse.
_ Por favor, dejame
tranquila.
La tomò entre sus
brazos, respirando en su cuello preguntò:
_ ¿Era mìa?
_ Sì.
Los sollozos se
redoblaron, la apretò fuerte, estaba loco, pero esa meta sin poder le dio algo
que ninguna jamàs le dio, emociòn y un embarazo trunco.
La apoyò en la
cama, arropàndola, se quedò hasta que estuvo dormida, desapareciò en una nube
hùmeda.
14
Tres años màs
tarde, cortaba la ensalada en la cocina, escuchando a la esposa de uno de los
amigos de la iglesia, un loro parlante que nada decìa, lo que le permitìa
abstraerse en su mente.
Lavò los tomates,
mirando por la ventana a su marido que prendìa el fuego, compartiendo un vino
con el amigo, mientras los chicos jugaban a la pelota en el parque.
Seguìa casada por inercia,
al igual que con su aburrido trabajo, aunque muchas veces hubiera pateado todo,
tenìa màs tiempo libre, su hijo iba doble turno al colegio, tenìa vida social
propia, amigos que lo invitaban a todo tipo de eventos.
Ella tenìa la
iglesia, los tès de los mièrcoles, gimnasia tres veces por semana antes de
entrar a la biblioteca, la iglesia el dominga, alguna salida a cenar con
amigos, o al cine con Milo.
_ ¿Te pasa algo
Lynn? Estàs pàlida.
_ Nada Greta. Voy
al baño de arriba.
Subiò la escalera
corriendo, se encerrò en el baño, abriò la ventana porque sentìa que se
ahogaba, escuchò una tos a su espalda, pero no se dio vuelta, agradeciendo
haber tomado la pastilla, aparte del diu que volviò a colocarle la ginecòloga.
La agarrò de los
pelos, tiràndola contra la pared, le bajò los pantalones, metièndosela por
detràs brutalmente, acabando ràpidamente, apretàndole las caderas con sus manos
enguantadas.
Desapareciò sin
hablar, Lynn se higienizò, cambiàndose la ropa interior, que lavò y dejò
colgada en su ducha, tambièn se cambiò los pantalones por una pollera.
Esa noche mientras
Daniel jugaba en la play en su cuarto, ella lavaba, èl secaba, cuando
terminaron, la tomò de la mano sentàndose con un cafè en la mesa de la cocina.
Escuchò a su marido
como en tercer plano, explicàndole que se enamorò de su socia en el estudio,
que querìa separarse, que mañana por la mañana se irìa a un hotel para no
incomodarla.
Lynn quedò
estupefacta, no sabìa como reaccionar, si reìr, llorar o partirle la frutera de
ceràmica en la cabeza.
_ Ves Lynn, sos
frìa.
_ No, no se como
raccionar. Soy cornuda, pero no idiota. Te veo Milo, no sos feliz.
_ ¿Què es la
felicidad?
_ Algo para lo que
no nos educaron.
Esa noche durmiò en
el cuarto de Daniel, con un colchòn en el suelo, a pesar de sus protestas.
15
Un año màs tarde
divorciada de comùn acuerdo, con una buen dinero para ella por la venta de la
casa, se mudò a un departamento amplio cerca de la biblioteca, tambièn del
colegio de Daniel.
El divorcio le
trajo un alivio personal inesperado, ademàs de que aumentò sus ahorros por la
venta de la casa, la nueva novia de Milo, fue aceptada de buen grado en la
iglesia, liberàndola de los tès de los mièrcoles.
Claro que se mostrò
medianamente indignada, pero segùn su estilo discreto, lauchesco, pero le
permitiò alejarse de la iglesia soporìfera, a la que se esperaba que asistiera
como a una escuela.
Tambièn mudarse màs
cerca de la ciudad le permitiò que no la vigilen a ese respecto, Daniel asistìa
con su padre y nueva novia, a la vieja iglesia.
Aunque no lo decìa
a nadie, solo investigaba en sus ratos libre en la biblioteca, lugares donde
mudarse, con preferencia, cerca de buenos colegios, lo hacìa màs como algo
lùdico, que como proyecto.
Cuando se preparaba
para cerrar, su jefa, la antiquìsima señora Flores, la llamò a su oficina, puso
sobre el escritorio, de modo que Lynn los leyera, unos papeles, con membrete de
la biblioteca.
_ Esto es un asunto
que tendrìa que ocuparse Ofelia, pero el señor Van Bruck, es imposible. Nunca
està ubicable, nos mandò una carta hace como seis meses que querìa donar parte
de la biblioteca de su abuelo y padre, grandes coleccionistas. Pero el tipo
nunca està, Ofelia tiene parte de enferma, està con gripe.
_ Despreocupate, lo
llamo mientras estoy en la biblioteca.
_ Pero vas a tener
que ocuparte del traslado.
_ Tengo tiempo
libre. Me ocupo de la donaciòn.
Persiguiò al tipo,
que no estaba nunca, o de viaje, o de negocios, o esquiando, o en no sè donde,
hasta que diez dìas màs tarde, la secretaria del tipo la llamò, concertando una
cita para el sàbado a las nueve de la mañana, para hacer el inventario.
16
Llegò a las nueve
en punto a la mansiòn de los Van Bruck, ricacho empresario, la esperaba un
mayordomo, casi pregunta por batman, porque la casa era real, pero bien
escenogràfica, ultra moderna, màs a lo Tony Stark.
El mayordomo, la
guiò a un cuarto enorme, vidriado, pero con las cortinas corridas, a una
agradable temperatura, gran cantidad de estanterìas con libros.
_ El señor Van
Bruck tiene clasificado cada uno de los libros en una base de datos, sobre la
mesa hay una copia. ¿Tè?.
Asintiò, impactada,
recorriendo los estantes con la boca abierta.
_¿Porquè donarìa
estos libros?.
_ Gracias Mario.
Responderè a su pregunta, señora.
Le dio la mano al
tipo alto, de cabello negro brillante, crespo, entre cuarenta y la muerte,
elegante, relajado, se sentò en el escritorio, el mayordomo trajo tè en una
vajilla fina, que sirviò, retiràndose.
Lynn escuchaba el
monòlogo del tipo, la explicaciòn, hasta que callò, para atender el telèfono, lo
escuchò hablar en ruso, al cortar se disculpò.
_ Perdòn, negocios.
Mientras tomaba el tè exquisito, aromàtico,
mirò disimuladamente al tipo, tenìa una elegante remera de polo, en el brazo
derecho, una marca, roja redonda.
La asociaciòn de
ideas, hizo que sus mùsculos se relajaran, las manos aflojaron la tensiòn sobre
el plato de porcelana inglesa, soltàndolo.
Corriò bruscamente
la silla, para no quemarse, taza y plato se hicieron añicos sobre el piso de
màrmol, el rubor cubriò las mejillas, juntò los pedazos, farfullando excusas.
_ No se preocupe,
llamarè para que lo junten. _ dijo sòlicito Van Bruck.
Lynn agarrò los
papeles, caminò a la puerta, mascullando excusas, que regresarìa con el camiòn
adecuado para el traslado.
En un segundo,
Vincent Van Bruck la atajò en la puerta.
_Tengo una empresa
que se especializa en traslados delicados. Yo me ocuparè.
_ Gracias. Llamo a
su secretaria
Saliò casi
corriendo, tardò en poner la llave, cuando abriò la puerta, una mano firme
volviò a cerrarla, Lluvia la tomò de los hombros, sacudièndola impiadosamente.
_¿Còmo?
Los ojos de Lynn
fueron al brazo, cubierto por el traje,
la soltò, antes de subir al auto lo mirò diciendo:
_ Un rico idota,
arruinò mi vida
Asomò la cabeza
dentro del auto, muy cerca de su rostro replicò:
_ Gracias a mi, tu
vida no fue tan aburrida.
Lo empujò con la
puerta, saliò del auto, gritàndole en pleno rostro, a todo pulmòn:
_ ¡Me violaste
cuando era una chiquilina! ¡Enfermo!
Entrò al auto, en
vez de dar la vuelta por la elegante rotonda, hacia la salida, pasò por encima
de las flores, saliò a la autopista a una velocidad que fue bajando a medida
que se alejaba.
Las làgrimas le
impedìan conducir bien, entro en una estaciòn de servicio, llorò con terror,
apoyada en el volante.
17
En menos de una
semana, arreglò todo para irse a otra ciudad, Daniel, se le unirìa cuando
terminara el colegio, le hicieron una despedida en la biblioteca, alquilarìa el
departamento, junto con sus ahorros, consiguiò una linda casita en las afueras,
pequeña, con dos cuartos y jardìn.
Mientras se
acomodaba, en un caos de cajas la mayorìa con libros, escuchò y sintiò a Lluvia
detràs, siguiò con lo que estaba haciendo, sin prestarle aenciòn.
_Mi perra en su
nueva cucha.
Lynn apoyò la caja
en el suelo, se dio vuelta para mirarlo con el traje de super hèroe, pasando de
largo, corriò una estanterìa, contra una pared, abriò una caja, apilò libros,
sin mucho gollete.
_ Mi perra me
esquiva.
_ ¿Tengo que salir
del paìs para que me deje de molestar.. señor Van Bruck?
La tomò del brazo
con violencia, dàndola vuelta, acercàndola a su rostro enmascarado, cuando
hablò tirò su aliento a la altura de sus labios.
_ No me confundas
con ese idiota debilucho.
Por una vez no se
amilanò, sobrepasando el miedo que sentìa desde joven, le gritò en el rostro:
_ ¡Son los mismos!
¡Estàs loco de remate!
La agarrò de los pelos llevàndola al cuarto,
todavìa desarmado, con cajas por doquier, tironeaba, pero no la soltaba, abriò
de un tiròn el placard, la puerta se abrìa en dos partes que eran un espejo de
cuerpo entero, la levantò de los pelos, ponièndola delante, le arrancò la ropa,
dejando la piel roja por el tironeo del corpiño.
_ Mirate. _ Lynn
dio vuelta la cabeza, la tomò de la barbilla obligandola a mirar el espejo. _
Abrì los ojos, o te sacudo un rato.
Obedeciò,
intentando mirar hacia arriba del espejo, Lluvia le llevaba màs de una cabeza,
era mucho màs ancho que ella, lo escuchò susurrar.
_ Mirate.
Con las mejillas
ardiendo lo hizo, la mano de Lluvia rodeaba su cintura, pasò la otra mano por
la mejilla, bajando por el cuello, hasta el centro de los pechos pasando el dedo enguantado por debajo
de los senos, se sacudiò un poco.
_ Parecès de
diciocho años. Siempre fuiste muy mentirosa y egoìsta, regodeàndote con cuanto
te hice sufrir. Eso pasò hace como veinte años.
Se refregò contra
ella, sin dejar de hablar.
_ Pasàs por la vida
ocultando tu poder meta, pero lo usàs en vos.
_ ¿Què decìs?.
_ Tu poder meta te
hace tener este aspecto juvenil
Lynn riò a
carcajadas.
_ ¿Como se llama
este poder?. Estee, ya se, meta Dorian Grey.
_ No. Detuviste tu
crecimiento celular. Detenès el tiempo.
Lynn realizò una
finta violenta, desasièndose de Lluvia dàndose vuelta, curiosamente, no intentò
sacarle la màscara.
_ Ya lo sabìa. No
es ilegal, no sirve para nada. Solo quiero una vida, comùn y silvestre.
_ Sos bastante
inteligente, perrita. Tu vida, no es comun y silvestre. No es la que elegiste.
Como años atràs, le
pegò una cachetada, que le dio vuelta la cara enmascarada, saliò corriendo a la
sala saliò por el ventanal, raspàndose la cola, terminò en medio del jardìn,
mirando donde escapar, sin importarle estar desnuda.
Lluvia apareciò a
unos cinco metros, Lynn hizo algo que se prometiò no hacer jamàs, pero jamàs
era mucho tiempo, atrrorizada, puso la rodilla en tierra, bajò la cabeza,
extendiò los brazos con las manos
levantadas.
No es que detuviera
el tiempo, simplente detenia las cèlulas de organismos orgànicos e inorgànicos,
a unos mil metros a la redonda.
La miraba con los
brazos cruzados sobre el pecho, caminò hasta quedar frente a ella que tenìa
cara de asombro.
_ Mi traje fue
creado contra ataques de armas bilògicas, hice unos ajustes para que te
incluyera. Sos un arma biològica, muy sofisticada, con un trasero esplèndio.
_ Hijo de puta.
¿Cuàndo vas a dejarme en paz?
_ Nunca. Quiero que
mis cachorros sean tuyos.
_ ¿Perdiste el
juicio por completo?
Desapareciò,
dejàndola sola.
18
Con sus ahorros,
alquilò un local que transformò en librerìa, especializàndole en antigüedades,
ediciones especiales, el negocio era lento, pero cada transacciòn, la metìa en
una bùsqueda que disfrutaba, hizo cursos, aprendiò francès y latìn
Una tarde antes de
cerrar, miraba llover por la ventana, Lluvia se materializò, la esposò, sin
resistirse, la apoyò en la estanterìa de madera llena de libros, arrancò la
bombacha, se la metiò apretàndola contra èl, hasta que eyaculò empujando,
haciendo ruidos guturales.
La dio vuelta,
mientras se acomodaba la ropa, con la otra mano acariciò la mejilla.
_ Tendràs mis
cachorros.
Le sacò las
esposas, ella se arreglò la ropa, al regresar ya no estaba.
Dos meses màs
tarde, se hizo un test de embarazo que dio positivo.
19
Cinco años màs
tarde, Lynn tenìa dos varones y dos niñas de Lluvia, la ùltima, apenas un bebè
de dos meses.
Se levantaba cada
dos horas para darle de mamar, hecha un zombi, pero era lo mejor que le pasaba,
ser madre de muchos hijos, la convirtiò en otra persona, arropò a la bebè, al
darse vuelta Lluvia la miraba enmascarado como siempre.
Sabìa lo que
buscaba, en silencio lo tomò de la mano llevàndolo a su cuarto, se recostò en
la cama, la tocò de manera placentera, asì la habìa dejado embarazada una
semana despuès de nacido el primer hijo, algo biològicamente imposible, segùn
el mèdico.
La penetrò
movièndose despacio, lo empujò hasta quedar arriba, gozando, porque era lo
mejor de su vida.
Muchas veces se
quedaba, ese fue el dìa, cuando la bebè reclamò su presencia se levantò
trayèndosela, aunque no querìa le dio ternura, lindante con el ridìculo, ver al
enorme enmascarado, con capa y todo con la bebè, tocàndole la carita con el
guante.
Se la puso en el
pecho, tocàndoselo suavemente.
_ Cuatro cachorros
estàn bien. Son metas, como nosotros.
_ ¿Jamàs te veràn
la cara?
_ No es necesario.
¿Sos feliz, perrita?
Si decìa que no,
mentirìa, porque para Lynn vivir esa extraña vida, le resultaba magnìfica,
jamas lo admitirìa.
_ No. Te odio.
Lluvia se riò a
carcajadas, burlàndose de ella.
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