jueves, 15 de octubre de 2015

La Helicoidaleidad



La Helicoidaleidad

1
Lynn terminò el trabajo en la biblioteca, archivò unos libros, apagò las màquinas, saliò del lugar desconectando la electricidad central, dejando la alarma, la noche frìa, se abrochò el abrigo, mientras cerraba la puerta, sintiò el caño de una pistola en la espalda.
_ Dame la cartera.
Suspirando se la dio, sin mirar, reboleò todo, sacando un poco de dinero, el telèfono, la tablet comprada hacìa menos de un mes, todavìa no conocìa todas las funciones.
_ Abrì la biblioteca. Esto no es nada.
_ No hay dinero adentro.
El tipo, la golpeò en las costillas.
Escuchò un sonido ahogado, borboteante, algo mojò sus pantorrillas, al segundo se dio cuenta que era sangre, un tipo completamente de blanco, con una capa flotante, màscara blanca con ojos tapados, triangular con un punto rojo en la frente.
Ahora sì, se apoderò de ella un terror adrenalìnico, corriò por el callejòn de la biblioteca a la calle, sobre su cabeza escuchò ruidos, el tipo de blanco le cortò el paso.
_ Pero, perrita, hace mucho que no te veo.
La embistiò aplastàndola contra la pared, le tapò la boca, pataleaba, hasta que le pegò una trompada a la altura de los riñones.
_ Mi perra, esta vez, te traje algo.
En pleno callejòn, le puso cinta en la boca, la esposò, midiendo la altura a una escalera de incendios, los pies casi no tocaban el suelo.
Al sentir las manos enguantadas, sacacàndole los pantalones y la bombacha, se debatiò, pero se pegò a ella, pellizcando fuerte una nalga.
_ Te dije algo. Hoy no va a dolerte.
El tipo se abriò el traje, violando a Lynn que lloraba, ahogàndose con la boca tapada.
_ Asì, sufrì. Que placer, siento tu dolor.
La mano enguantada del loco, puso algo sobre su clitoris que vibraba, mientras se movìa, de pronto, tuvo un orgasmo que la hizo ponerse rìgida.
El tipo, con una mano adelante sosteniendo el pequeño vibrador, la otra sobre la nalga, sintiò la contracciòn violenta, casi dolorosa, al segundo eyaculò, quedando con la cara enmascarada apoyada en la espalda vestida de Lynn, que estaba pasmada por lo ocurrido.
El tipo saliò, se cerrò los pantalones sin sacarse el profilàctico, limpiò a Lynn con cuidado, la vistiò, sacò las esposas, ella se arrancò la venda.
Le dio papel para que se limpie, Lynn se sonò la nariz, dàndole una cachetada, que hizo cimbrar la capucha, le puso el aparatito vibrador en el bolsillo del pantalòn.
_ Te lo regalo.
Escuchaba las sirenas de la policìa.
_Llamè _ dijo èl.
_ ¿Porquè no me dejas en paz? ¿No te aburre?.
_ Ni que lo hiciera todos los dìas. Sos mi perra preferida. La màs perversa. ¿Por qué no le decìs a tu novio? Que el sùper hèroe de la ciudad te viola cada tanto, ¿Desde hace cuanto...? ¿Diez años?
Lynn tuvo ganas de matarlo, para el lado de la biblioteca estaba el tipo destripado.


Pasò el resto de la noche declarando que el tipo la quiso asaltar, Lluvia la defendiò, mostrò el golpe de la espalda y riñones, fotos, medico legista, la cara preocupada de Milo en la recepciòn, estaba muerta por eso lo dejò llevarla a su casa y prepararle algo de comer porque pasò toda la noche en la burocracia policial.
Varias veces tuvo ganas de decir lo que le pasaba, pero callò, sin saber si era por miedo a que la creyeran loca o le preguntaran porque no lo hizo antes.
_ Quedate a dormir. Voy a trabajar.
Le dio un beso en los labios, oscureciò la habitaciòn, la arropò antes de salir.
Estirò la mano al pantalòn sacò el vibrador era como un pequeño insecto, con tres patas, lo prendiò sintiendo vibrar la mano.
Tenìa cosas que no podìa explicar.

2
Despertò a media tarde, se puso una bata, le dolìa la cintura, buscò los anteojos de repuesto, al mirarse al espejo, pensò que le faltaban las orejas y era una laucha completa.
Saliò de la casa, rumbo a la òptica, debìa encargar los anteojos nuevos, hizo las pruebas, estarìan listos en dos dìas.
_ Llevate los de contacto. Hasta que te entregue los otros._ explicò la oftalmòloga de toda la vida
Se los enseño a poner, explicàndole que eran modernos, le puso una gota en cada ojo, hasta que los sintiò còmodos.
_ Si te incomodan, ponete los otros. Aunque sean del siglo XVIII.
Regresò a la casa, su tìa la esperaba, la abrazò, viajaba mucho, pero ahora avisò que se quedarìa un par de dìas, tambièn que Milo la verìa en la iglesia.
A  las ocho, fueron a la  iglesia, agradeciendo su suerte, sintiò la mano de Milo en la suya, las llevò en el auto de vuelta, al dejarla en la puerta de su casa, la besò profundamente, diciendo:
_ Pronto estaremos casados, Lynn.
Se fue a acostar, su tìa dormia con la radio, era un tanto sorda, por eso no sintiò cuando Lynn llorò agarrada a la almohada, masticando el miedo que sentìa desde hacìa mucho tiempo.
Llorò hasta que se quedò dormida, con un espantoso dolor de cabeza.

3
Durante meses se metiò de cabeza en la rutina, su trabajo en la biblioteca, salir con Milo a cenar, al cine o ambas cosas, la iglesia, los preparativos de la boda.
Toda la vida rutinaria, gris, regada por los comentarios de la gente, las noticias, tambièn los insoportables videos subidos a la red, del supe hèroe local Niebla.
Con el aguinaldo sin decir nada a nadie, fue a un shopping elegante de la ciudad, con la idea de mirar modelos para el casamiento.
Como era tìmida y vergonzosa, volviò a ocultarse tras los anteojos con marco, pero llevaba dos cosas que jamàs dejaba, el pequeño vibrador y los lentes de contacto en una cajita.
Mirò los trajes, tambièn vestidos, aunque le parecìan bonitos, pensaba que eran muy estrafalarios, escotados o muy sugerentes.
Comprò un helado, mirando vidrieras de una gran librerìa, junto a esta una casa de zapatos muy bonitos, aunque el atuendo que tenìa en la mente, unos blancos de taco no muy alto quedarìan bien.
Venciendo la timidez, entrò al local, permitièndole a una amable vendedora que le pruebe unos, blancos, con pìedras, muy altos, al pararse tambaleò, no pudo dar un paso, serìa el hazmereìr de la fiesta.
_ Señorita, puede ponèrselos antes, para aprender a caminar.
Se mirò al gran espejo, diseñado para favorecer a las mujeres, que se vean un poquitìn màs delgadas y sofisticadas.
Los tacos altos, con piedras como los de cristal de la cenicienta, torneaban las piernas, la vendedora la enderezò, se veìa con otro porte, no tan lauchesco, quizàs, llegando al hamster.
Se probò unos blancos, con una lìnea de metal plateado entre el cuero y la plataforma, cuando sus ojos cayeron en unas botas negras, hasta la rodilla de taco altìsimo.
La solìcita vendedora se las alcanzò, mientras le envolvìa los blancos, las botas suaves al tacto, muy còmodas, taco stiletto, cuero fino, se levantò la pollera, girando un poco, levantaban su cola.
Las comprò sin saber la razòn, solo que sentir la pantorrilla con las botas le resultò extrañamente placentero.
Saliò corriendo del shopping como si hubiera robado algo, reboleò en el otro asiento los paquetes, preguntàndose porque comprò las botas.
Ninguna de sus prendas eran aptas para esas botas, se las regalaria a su hermana menor, Serena, le quedarìan pefectas.

4


Una semana antes de su casamiento, tuvo dos despedidas de soltera, una con sus tres compañeras de la biblioteca, la otra con las chicas de la iglesia.
Con sus compañeras de la biblioteca fueron a un local de strippers, donde Lynn sintiò vergüenza ajena de su jefa la señora Flores, por los gritos histèricos, cuando el marinero arrojò la zunga en el rostro de la señora.
La otra fue en la casa de Cinthya, con un mago, cosas ricas, tragos, bailes y juegos, de los que se suponìan pìcaros, en ambas ocasiones la disfrazaron.
Vestida de prostituta las chicas de la iglesia la dejaron en la puerta de su casa, la tìa le sirviò un tè, antes de irse a acostar.
_ Sos tan mansa, querida. Como si te contuvieras.
_ ¿Què decìas tìa?
_ Nada. Buenas noches.
Con el tè en la mano fue a su cuarto, abriò le placard para buscar un camisòn, cuando vio en el fondo la bolsa con la caja intacta de las botas, descalza, con las medias negras por la mitad del muslo, las sacò, se las puso sentada en la cama.
El espejo era pequeño, pero se alejò un poco, tenìa un corpiño negro con flecos dorados, armado que juntaba sus senos, de manera absurda, horrible, unos shorts clavados en la cola, con una bombacha cola less dorada y negra que no se veia, las medias negras y las botas.
El cabello batido, exceso de maquillaje en los ojos, en los labios un rojo furioso, aros grandes, se sacò los lentes, colocàndose los de contacto.
Mirò la puerta, no era ella, podrìa salir solo para tener otra vida, un marido que querìa ser amo del bufete de contadores, feligrès de la iglesia.
Caminò sobre los stilettos, tambaleàndose hasta que consiguiò dar dos pasos sin balancearse, escuchò una risita en la ventana, se llevò las manos a la boca, por el miedo, el esfinter le mandò una señal
_ No sos mi perra. ¿O sì?
Sin darse cuenta retrocediò hasta la puerta buscando el picaporte, pero saltò, al abrir la puerta, èl volviò a empujarla, apoyàndose sobre ella.
En su oreja escuchò:
_ Como es tu despedida de soltera, te va a doler.
Le tapò la boca, agarràndole los brazos, con la otra mano le puso un precinto que le cortò la circulaciòn, la tirò de cara en la cama, con las rodillas en suelo, sintiò que algo metàlico cortaba los shorts, al mismo tiempo que la tanga.
Sin sacarse el guante, la empujò contra la cama, metièndole los dedos en el ano y la vagina.
_ Tu culo, me vuelve loco.
Lo mordiò hasta que Lynn gritò con la banda en la boca, le dolìa espantosamente, la penetrò por el ano, despacio, para al instante empujar con todas sus fuerzas, desgarràndola, emitiendo gemidos de placer, ante su dolor.
La tomò de cuello, ambos de rodillas, cortò el corpiño, tirò de los pezones, se debatìa pero Lluvia tenìa una fuerza tremenda, de nuevo hablò en su oreja jadeando, excitado.
_ Me gusta cuado te contraès. Parece que me la vas a cortar.
Lynn sostenida por el cuello, escuchando sus jadeos animales, que apoyò algo frìo sobre el clìtoris, al segundo una descarga elèctrica la hizo contraerse, hubiera caìdo si no la sostuviera.
_ Asì, màs.
Lo hizo varias veces hasta que eyaculò, pero Lynn no pudo retener, orinò sobre el guante de Lluvia, electrocutàndose màs, la dejò caer sobre la cama, con las rodillas en el suelo.
Cortò el precinto de las manos, los hombros le dolìan, la vagina le quemaba, se sacò la mordaza, buscando aire, trepò a la cama sollozando.
Cantò, con la mùsica de la marcha nupcial, los labios cubiertos por la màscara, sobre su oìdo.
_Se casarà, se casarà, mi perrita, se casarà. Una vida gris le esperarà.
Siguiò sollozando, con la cara enterrada en el acolchado blanco, saliò por la ventana, al rato se levantò se quedò bajo la ducha hirviente por espacio de una hora, se puso el camisòn, la bata, juntò toda la ropa desgarrada, las botas, metièndolas en una bolsa.
Las puso en la parrilla, fue al garage, sacò nafta del auto con una manguerita, tiro nafta a la bolsa, prendièndola fuego.
No se fue a acostar hasta que solo quedaron cenizas.

5
Dos años màs tarde, hablaba con su marido que estaba tomando un retiro con otros maridos de la iglesia, el bebè dormido, estaba en la cocina ordenando.
_ Si, te espero mañana. Viene tu madre a cenar.

Lavò los trastos, al pasar un trapo por la mesada, los pechos le dieron un tiròn, el niño tenìa casi un año, ya trabajaba, pero aùn tenìa leche.
En bata y camisòn barriò, pasò un trapo al piso, cuando pasò por la puerta trasera de la cocina abierta, pero con la del mosquitero cerrada, una sombra tapò la luz solar que entraba.
Al levantar los ojos, Lluvia impactante por lo enorme, tambièn por el traje, que apretujaba su cuerpo musculoso, suspirò con cansancio.
_ Mi perra tuvo un cachorro. _ hablò a travès del mosquitero.
_ Maldito degenenerado, mi hijo està arriba.
_ Durmiendo_ dijo entrando a la cocina_  No me importa, te lo hago con èl llorando a tu lado.
Infantilmente, puso el lampazo entre ambos.
_ Basta, te lo ruego.
_ Me gusta que ruegues. Siempre te lo digo, sos mi vìctima perfecta.
Retrocediò hasta quedar a unos metros, la cocina era amplia, luminosa, con una mesa, sillas, la vida familiar solìa transcurrir allì.
_ Dejame en paz.
_ No vengo todos los dìas.
Le reboleò el lampazo, huyendo para la entrada de la casa, pero al segundo chocò con Lluvia, que la sostuvo para que no cayera.
La llevò de la mano, hasta sentarla en una silla, diciendo:
_ Vamos, no depertemos al cachorro de mi perra.
Mirò para otro lado, cerrando los ojos, de los que escaparon lagrimas de terror, cubriò los ojos con un repasador, apretàndoselos, con la tira de la bata atò las manos, al respaldo de la silla.
Se arrodillo frente a Lynn, abrièndo las piernas, despacio, abriò la bata, desabrochò el camisòn de santurrona, hasta descubrir los pechos, estaba roja, porque con las manos jugueteaba con los pezones, sintiendo como la leche acudìa sin que pudier retenerla, se morìa del terror y la vergüenza.
_ Simplemente, magnìfico.
Seguramente tenìa levantada la màscara, porque sintiò sus labios lamiedo las gotas.
_ Es asquerso, pero me calienta.
Succionò, lo que para mal de Lynn le dio una presiòn en el bajo vientre, con la otra mano tironeaba despacio, al pasar al otro pecho, la mano fue a su entrepierna.
_Hoy te toca gozar.
Mientras succionaba, mordisqueando, la tocaba despacio, la desatò de la silla, pero atò las manos en la espalda, con toda facilidad, la sentò en la mesa, volviò a sus senos, agarrado a sus nalgas la penetrò, estaba completamente hùmeda.
_ Ah... mi perrita. Ama que la someta.
Empujò como un animal, de pronto Lynn tuvo un orgasmo, sin que lo pudiera evitar, casi olvidò la sensaciòn, hasta se pensò frìgida, sintiò como el pene de se inflaba antes de acabar dentro del profilàctico, dàndole un placentero escalosfrìo.
Niebla la mirò aùn unido a ella, con los ojos vendados, los labios rojos, abiertos, respiraba agitada, los pechos al descubierto, como tenìa la màscara levantada, la besò por primera vez.
Se debatiò, hasta que la tomo de los hombros, para inmovilizarla, apretàndoselos, no respondiò al beso.
La soltò acomodàndose la màscara, le arrancò el repasador, la desatò, tontamente, se dio vuelta para abrocharse el camisòn y cerrarse la bata.
_ Te sienta el ser madre.
Escuchò el mosquitero cerrarse, mordiò el repasador, para no gritar del odio y el miedo.

6
Una vez por semana recibìa a las damas de la iglesia, a tomar el tè, cuando hacìa frìo en la sala, cuando era clima templado, en el jardìn.
Solìa preparar tartas o algo màs sofisticado como brownies o lemon-pay, su tìa la ayudaba a preparar todo, en general hablaban sobre los eventos futuros de la iglesia, alguna ayuda en particular o simplemente tonterìas domèsticas, hijos, maridos o suegras.
Con la taza de tè en la boca escuchaba a las mujeres, participaba, lo disfrutaba, porque en general esas mujeres tenìan las mismas dificultades que ella.
Esa tarde decidieron con los fondos, pintar la iglesia, comprarìan la pintura, la señora Rodriguez se encargarìa de buscar un pintor, tenìan que hacer unas reparaciones menores, tambièn en dos domingos, una feria del plato.

Al despedirse, recibiò una llamada de Milo, se quedarìa trabajando hasta tarde, mientras preparaba la cena de Daniel que daba los primeros pasos, agarrado a los muebles de la cocina.
_ Cuidado, que no se te abran los cajones _ dijo, mirando atentamente a su hijo.
Mientras le daba de comer, pensò que hacìa rato que su marido tenìa trabajo, pero Lynn era un poco cruel con ella misma, por eso se preguntò si eso la molestaba o la aliviaba.
Ordenò la sala, la cocina, saliò al jardìn, con un saquito sobre los hombros, en su propiedad habìa un limonero, un acer de hojas rojas, pero que en esa època caìan, amarillas sobre el pasto.
Con el rastrillo en la mano mirò el contraste entre las hojas y el pasto, antes de juntarlas, pensando en la nueva entrega para la biblioteca, el papeleo era insoportable, metiò las hojas metièndolas en una enorme bolsa, la sacarìa mañana.
La noche era esplendida, la comida estaba en el horno, esperando a Milo, con una botellita de cerveza, se sentò en las escaleras del porche trasero a leer un libro.
Lo habìa leìdo cuando era adolescente, la transparecia del mal, lo comprendìa de otra manera, porque ella colaboraba con ese “mal” que todo toleramos a diario y frente a nuestros ojos.
Lluvia se materializò, cuando la humedad se disipò, dejò el libro al costado, miràndolo resignadamente.
_ Aburro a mi perra. Entonces le dolerà.
Hizo el ademàn de agarrarla de los pelos, pero Lynn sacò de detràs suyo una pistola taser, que clavò directamente en la màscara blanda, que era de tela.
Lo hizo con tanta fuerza, que atravesò la màscara, recibiò la descarga elèctrica directamente en el pòmulo izquierdo, cayò hacia atràs.
Lynn entrò a la casa, trabando la puerta,  corriò escaleras arriba, cerrando con llave la habitaciòn de Daniel que dormìa plàcidamente, se encerrò en su cuarto, metiò la llave en el cajòn, sacò la otra pistola de electricidad, en el baño, no solo puso llave, sino que atravesò la linda còmoda, que tenia las toallas.
A Lluvia no lo detenìan cerraduras o puertas trabadas con muebles antiguos, podìa trasladarse con la humedad ambiente, apareciò en el baño, con la màscara blanca manchada con sangre.
Lo atacò nuevamente, forcejearon, tirò un par de patadas, fàcilmente, Lluvia pegò un ganchò al hìgado, que la doblò en dos, quedando sin aire.
El baño estaba divido en dos, estaban del lado de Lynn, la sentò en una sillita blanca muy mona, que utilizaba para apoyar sus ropas o sentarse delante del espejo para depilarse las cejas.
Tardò en recuperar el aire, el costado latìa dolorosamente, la agarrò de la barbilla, apretàndosela la acercò a su rostro, podìa sentir el aliento, tambièn la furia.
_ No te resistas.
Como siempre, obedeciò, la llevò frente al espejo del baño, enorme, con luces fuertìsimas, la sodomizò, mientras la miraba por el espejo.
Bajò la cabeza, pero le tirò del pelo hacia atràs, obligàndola a mirarse.
_ No cierres los ojos, perra mìa
Diez minutos màs tarde, todo terminò, agarrado a sus senos cubiertos por la blusa, jadeando en su oreja, sin pensar fue al bidet, abriò el agua frìa al instante sintiò alivio, no le importaba que la mirara.
Se agachò, apoyando el brazo en su pierna.
_ Mi perra, se vuelve vieja.
Lynn lo mirò con odio, metiò la mano enguantada en su entrepierna mojada por el agua, la masturbò con rapidez, con el otro brazo, la apretò contra èl.
_ Quiero escucharte.
Obedeciò, porque entre el agua y la superficie àspera del guante, tuvo un orgasmo, aunque no querìa, las lagrìmas cayeron, mordièndose los labios.
_ No quiero màs, por favor.
_ Te gusta, admitilo _ susurrò con su voz grave.
_ Mi cuerpo, a veces. Pero yo te odio.
Desapareciò, dejando algo parecido a vapor de agua, Lynn ordenò el baño, tomò el espejo con aumento, acercàndolo a los ojos, la comisura de los labios, el ceño.
No tenìa arrugas, apoyò el espejo en el màrmol de la mesa con el vanitory.
_ Idiota.

7
Mientras cenaban, a Milo le gustaba mirar las noticias, mientras desayunaban, ella las odiaba porque muchas veces se enteraba del buen accionar de Lluvia.

Esa mañana fue el caso, mientras hacìa sus tareas pareparando las cosas del jardìn de Daniel, sus cosas del trabajo, se puso los auriculares para no escuchar las noticias.
Dejò a Daniel en el jardìn, luego su tìa irìa a buscarlo, estaba a solo tres calles de su casa.
Prendiò las luces en la biblioteca, ese dìa estaba sola, preparandose para abrir, al entrar en su oficina, que estaba llena de papeles, libros, una cafetera, un escritorio desordenado, un còmodo sillòn de cuerpos, con el tapizado gastado.
En el automàtico laboral pegò un grito, Lluvia se encontraba sentado en el sillòn, con el traje sucio, los guantes con sangre en los nudillos, una mancha roja en el brazo derecho, la pantorrilla chorreaba sangre.
Lynn se asustò, lo escuchò decir.
_ Me hirieron. Voy a desmayarme en cualquier momento.
Fua al cuartito de trastos, que tenìa las cosas de limpieza, tambièn el botiquìn, solo con tonterìas, pero habìa dos paquetes de endas, gasas desinectante.
Con todo el asco, limpiò la pantorrila, sacando los restos del traje adheridos a la herida, echò alcohol, contrajo los musculos, tapò con gasas todo, vendàndolo fuerte, cortando la hemorragia.
_ El brazo no es nada, me atravesò un tiro.
Lo dejò allì, pero antes prndiò la cafetera, dio comienzo a su dìa, bastante tranquilo por cierto, Lynn tenìa dos vidas, no sabìa en muchas ocasiones cual era la real.
Los ojos de su hijito, la empujaban màs que nada, a que esa parte era la màs verdadera al menos, la màs sana.
Ordenò los estantes, sacò un libro en versòn adolescente de doctor Jeckill y mr. Hyde, sonriò porque la cosa no era tan lineal, acababa de ayudar al hèroe de la ciudad, que la violaba cuando menos lo esperaba.
A la seis cerrò, era el horario de invierno, hablò con su tìa, porque Milo llegarìa tarde, ella quizàs tambièn.
Entrò al despacho con la esperanza que no estuviera, pero estaba durmiendo sentado como antes, despacio se acercò tentada de levantar la màscara.
Jamàs se preguntò quien era, quizàs alguien muy cercano, ¿su marido?, estaba muy segura que no, por cuestiones ìntimas.
La mano temblorosa se acercò al cuello donde encajaba la màscara en el traje, suspirando se sentò en un taburete polvoriento, junto al sillòn.
Se tapò el rostro con la manos, angustiada por que Lluvia la sometìa, era la mejor en ese papel,
Lo dejò durmiendo sin apagar las luces, ni cerrar la puerta, regresò a su casa, jugando con su niño, mirando el cuaderno donde la maestra volcaba sus impresiones.

8
Un sàbado por la mañana Milo saliò con Daniel a un encuentro entre padres e hijos, de la iglesia, un dìa de campo, con fùtbol incluìdo.
Aprovechò que su tìa estaba con su madre para lavar sàbanas y toallas, iba por la segunda tanda, tenìa como cuatro sogas con sàbanas ya secas.
Durante un momento pensò en sus padres, hacìa un año que no los veìa, vivìan del otro lado del paìs, irìan para Navidad, a pasar unos dìas, desde siempre la relaciòn entre ellos fue distante, su hermana vivìa aùn con ellos, su hermano mayor los visitaba seguido.
La primavera càlida soleada, ayudaba a que todo quedara perfecto, descolgaba doblando, al mismo tiempo que colgaba, esta vez toallones.
En la cuarta soga, al descolgar las sàbanas, Lluvia estaba detràs, sin sobresaltarse, doblò la sàbana, reemplazàndola por un toallòn de Mickey.
Sin hablar, se puso detràs, apoyando las manos enguantadas, siguiendo cada movimiento, solo le tocaba las manos, cubrièndolas.
Podìa sentir el calor corporal, el aliento junto a su oreja, hasta que metiò las manos bajo la blusa, apretàndola, le subiò la pollera, metièndosela, para su mal estaba hùmeda, lo escuchò, con su voz distorsionada:
_ Mi perrita dispuesta.
Fue breve pero intenso, la dio vuelta al terminar, le levantò el ala del sombrero, que usaba para que el sol no rostizara su rostro.
Volviò a subirle la pollera, tocàndola, penetràndola de nuevo, dàndole mucho placer, por una vez se agarrò a èl, que se deslizò al suelo, entre las sàbanas y toallas que se agitaban por el viento.
Con las manos apoyadas sobre el pecho del traje, una coraza blanca, se moviò sobre Lluvia, despacio, por una vez sin profilàctico.
La acompañaba con el movimiento, tocàndola, hasta que lentamente, tuvo un tremendo orgasmo, contrayèndose, se apoyò sobre el cuerpo de Lluvia, porque le bajò la presiòn.
La abrazò, mirando el cielo.

_ Si no tuvieras sangre meta, te matarìa.
_ ¿Discriminàs? _ preguntò apoyada en el cuello.
Èl riò.
_ No. Por lo que soy, mato a las mujeres que penetro. Sos la ùnica que no muriò.
Lynn saltò hacia atràs, el semen bajaba por sus piernas, recogiò la bombacha entrò corriendo a la casa, se metiò en la ducha, odiando al mundo por ser meta, sus padres la dejaron con su tìa por esa causa, sus hermanos, no tenìan el gen.

9
A principios de diciembre, subiò al àtico para sacar los adornos de Navidad, el àrbol, Daniel abrìa cajas con cosas viejas como si fueran tesoros.
Separò un par de cosas que llevarìa a la iglesia, mucha ropa vieja, muy cerca de las cajas de Navidad, una cosas del colegio secundario, libros viejos, boletines, fotos, hasta que encontrò su diario, fue a la fecha, pero ese dìa nada escribiò, ni un rastro del dìa que conociò a Lluvia, mejor dìcho, el dìa que chocò con la vida de frente, solo tonterìas de adolescente, cuyos padres preferìan negarla.
Bajò una caja de un estante, que tenìa escrito con marcador negro “papeles Lynn”, leyò el certificado de nacimiento de la clìnica, con el anàlisis que la marcaba como meta.
Por asociaciòn de ideas, recordò que tenìa una cita con la ginecòloga, para que revise el diu, bajò los adornos, el àrbol, apoyàndolos al costado de la escalera, se bañò, cambiò de ropa, con Daniel en el asiento trasero del auto, llegò al consultorio, tenìa una paciente adelante.
Al entrar Daniel se quedò con la secretaria de la doctora Goldman, la revisò, le hizo el pap, la colpo, al revisar los pechos, la vio fruncir el ceño, de hecho la dejò doliendo.
_ ¿Pasa algo?
_ Tenès las glandulas mamarias inflamadas. Acostate que te hago la ecografìa para ver el diu.
Pasò el gel helado, al instante la mèdica dijo:
_ Algo pasò, Lynn el dispositivo està corrido. Estàs embarazada, de siete semanas aproximadamente.
La mente quedò en blanco, casi no escuchò cuando explicò que sacarìa el diu, la felicitò, condujo de vuelta, en silencio.
A la hora de la cena, hablò con su marido que de manera milagrosa estaba en casa y no trabajando hasta tarde.
_ Estoy embarazada, el diu se corriò o algo asì. Tengo que ir en un par de dìas, para que lo retire.
Milo la abrazò sonriendo, contento, querìa màs hijos, ella no, por eso dijo:
_ Estoy feliz, es por la gracia de dios, amor.
_ Si. La gracia de dios.

10
Dos meses màs tarde el embarazo la tenìa a mal traer, sus amigas de la iglesia decìan que era una niña, vomitaba, se mareaba, se dormìa en cualquier lado, iba como un zombi usando un automàtico.
Fueron al cine con Milo y Daniel, luego irìan al patio de comidas, una salida familiar, pero en mitad de la pelicula, el liviano almuerzo, una ensalada, una manzana, se negaban a digerirse, avisò a Milo, que iba al baño, acostumbrado, no le prestò atenciòn.
Los baños del compejo de cines estaban vacìos, por suerte muy limpios, vomitò la ensalada y la manzana ìntegros, jadeando se agarrò el abdomen.
Apoyada en la pared del cubìculo sonriò, acariciò el vientre que apenas abultaba, le gustaba estar embarazada, lo habìa olvidado, era una especie de estado de bienestar, donde nada podìa alcanzarla.
Se lavò los dientes, siempre llevaba cepillo y pasta en la cartera, la cara con agua frìa, secàndose con papel, al sentirse medianamente repuesta, dio un respingo, Lluvia la miraba, con la espalda apoyada en los azulejos del baño.
_ ¿Vas tener otro cachorro?
_ Ni se te ocurra tocarme, enfermo.
La empujò contra la pared, tapàndole la boca, le levantò la blusa, con la mano enguantada, acariciò el vientre, acercò la cara a la suya, murmurando maliciosamente.
_ ¿Serà un Lluvia o un santurròn?
Lo empujò, gritàndole:
_ ¡Por favor! ¡Debe haber un millòn de mujeres metas en los alrededores!
_ Pero ninguna es mi perrita.
Desapareciò, esperò a su marido e hijo en el lobby de los cines, tomando agua mineral.

11
Un dìa no aguantò màs, estaba casi de cinco meses, con mucho malestar, en la biblioteca, buscò por internet un laboratorio genètico, lejos de su casa, anotò el numero en un papel, borrando la bùsqueda de la màquina.
Hizo una cita para el dìa siguiente, hasta el horario no sabìa si acudirìa, el chiste le saldrìa bastante dinero, tenìa un canuto ahorrado, pagarìa el anàlisis en efectivo.
Dio un nombre falso, una direcciòn falsa, el mèdico solo le hizo las preguntas de rigor, de manera impersonal, fue muy amable, porque al entregar las muestras de cabello de Milo, sus manos temblaban.
Le hicieron la prueba, siguiò minuciosamente el procedimiento, el monitor 3D, mostrò a su niña, los mèdicos tomaron la muestra, se quedò dos horas en observaciòn, al dìa siguiente era sàbado, se quedarìa en la cama descansando tal y como lo sugiriò el mèdico.
Pasò un dìa muy agradable, miraron pelìculas en la cama, comieron pizza, la pasò muy bien.
El domingo en la iglesia, tambièn, disfrutò contenta, como si aùn sin saber los resultados, como si algo se hubiera liberado en ella.
El malestar, los mareos no aparecieron, sentìa los ligerìsimos movimientos de su niña dentro, le hablaba, tambièn le cantaba, Milo la miraba con ternura, varias veces le dijo que la amaba.
El martes fue a buscar el resultado, el mèdico volviò a revisarla por las dudas, le dio el sobre, cuando la despedìa hablò paternalmente:
_ Se la ve mucho mejor que hace tres dìas.
_ Gracias, doctor. Me siento mucho mejor.
_ Lo bueno es perdonarse, querida.
En el auto, mirò el sobre, ya sabìa el resultado, esperò a estar en el garage de su casa para abrirlo, recibiò un wathsapp de su marido que cenarìa en la ciudad con unos clientes importantes.
Con la luz interior del auto mirò el galimatìas de porcentajes, en otro papel, escrito prolijamente, con la firma del mèdico, indicaba que la muestra masculina no dio resultado positivo.
Saliò del auto, fue a la parrilla, con el encendedor largo que Milo usaba para prenderla, quemò el sobre y los papeles, hasta que se convirtieron en cenizas, como su vida matrimonial.

12
Cuando entraba de seis meses, regresaba a su casa por la autopista con Daniel jugando con sus muñecos de superhèroes en el asiento trasero, el trànsito estaba lentìsimo.
Prendiò la radio, avisaban en las noticias que un accidente entre un camiòn y dos autos producìa un atasco monumental en la autopista.
Llamò a su marido que aùn se encontraba en la oficina, otro dìa que llegarìa tarde a casa, abriò un jugo que comprò en el supermercado, dandole a Daniel que tenìa sed.
Puso mùsica porque el tema venìa lento, de pronto tuvo una violentìsima contracciòn que la dejò sin aire, respirò hondo, hasta que el dolor pasò, era normal, el cuerpo se acomodaba al bebè cerca del nacimiento.
La mùsica fue interrumpida, mientras enviaba wathsapp al grupo de madres del colegio, por los disfraces de la obra del dia de la independencia, escuchò casi con miedo.
_ Nos avisan oyentes, incluso hay imàgenes de celulares que estàn en este momento en las cercanìas del puente 56, en la autopista, que el super hèroe local, Lluvia, pelea con cinco delincuentes metas armados, que produjeron un choque en cadena.
_ ¿Lluvia està adelante, mamà?
_ Por suerte estamos lejos.
Muy nerviosa, saliò del auto, junto con muchos otros. el puente estaba a unos cuatrocientos metros de autos, no se veìa nada, pero Daniel que tenìa su celular gritò alborozado:
_ ¡Mamà transmiten la pelea on line!
En ese momento no fue una contracciòn sino una puntada tremenda en el pubis, que la hizo doblarse en dos, buscando
aire, una señora mayor se acercò junto con su marido, de ojos bondadosos.
_ Querida, no se te ve muy bien. Jorge, llamà al 911.
_ Estoy bien.
Apenas hablò, un lìquido corriò por sus piernas, la mujer la sentò en el auto, diez minutos màs tarde el servicio de emergencias la evacuò en un helicòptero, Daniel estaba muy contento por la aventura, los latidos del bebè se complicaban.
En el hospital, le pusieron suero, rogaba a los medicos que salvaran al bebè, pero las contracciones no se detenìan, hasta que en la sala de urgencias, se hizo el silencio, los latidos del bebè dejaron de escucharse. 


Lynn rompiò a llorar desconsoladamente, media hora màs tarde, naciò su hija muerta, pidiò que se la muestren, una enfermera limpiò la carita, acariciò la mejilla tibia por salir recièn de su cuerpo, la sedaron llevàndola a un cuarto privado hasta que determinen la causa del aborto, tambièn para que nadie la moleste.
Milo la esperaba, llorò como un niño entre sus brazos, la consolò diciendo que podrìan tener otro, no lo expresò pero se sintiò como una vaca de crìa, falla uno, va el otro.
El mèdico indicò que la sedarìan, durante la noche, Lynn pidiò que se lleve a Daniel, que dormìa a los pies de su cama.
No quiso cenar, le sacaron el suero le darìan pastillas, porque la hemorragia cesò, su ùtero cicatrizaba bien, quizàs por su sangre meta, arriesgò el mèdico.
Todo estaba bien pero cuando la enfermera se retirò apagando la luz, se dio vuelta, llorò, porque pensaba que ser una pecadora mentirosa, llevò a la muerte a su hija preciosa.
La culpa pesaba en su corazòn, hasta que el miorelajante hizo efecto quedàndose dormida.

13
Despertò de noche, tenia, frìo, manoteò la delgada manta del hospital, la ventana estaba abierta, alguien estaba sentado en la cama.
Se tapò la cabeza, aunque no querìa se puso a llorar en silencio, Lluvia la destapò.
_ ¿Te duele?
_ Mucho.
Pero se referìa al cuerpo.
_ Quiero verla.
_ No por favor.
Sin hacerle caso, la envolviò en la manta, desapareciendo, aparecieron en la morgue helada, la dejò en una silla, mientras leìa los carteles de los refrigeradores, hasta que abriò uno.
Lynn lo miraba con la luz mortecina de la morgue desierta, se acercò temerosa, la bebè no estaba como cuando saliò de su vientre sino con un color azulado, con las marcas del hacer mèdico, de manera inconciente, se dio vuelta, apoyàndose en Lluvia, temblando por el llanto.
_ Es muy bonita. Lo siento.
_ ¿Porquè?
_ Sè que fuiste a la clìnica genètica.
Lynn estallò, le pegò con los puños, sin gritar, siseando escupiò:
_ ¡Maldito pervertido, trastocaste mi vida por completo! ¡Mentì a mi marido, lo amo! ¿Entendès?¿Sabès que significa eso?.
La abrazò mirando a su hijita muerta en el frìo acero de la morgue, aparecieron en el cuarto, la ayudò a acostarse.   
_ Por favor, dejame tranquila.
La tomò entre sus brazos, respirando en su cuello preguntò:
_ ¿Era mìa?
_ Sì.
Los sollozos se redoblaron, la apretò fuerte, estaba loco, pero esa meta sin poder le dio algo que ninguna jamàs le dio, emociòn y un embarazo trunco.
La apoyò en la cama, arropàndola, se quedò hasta que estuvo dormida, desapareciò en una nube hùmeda.

14
Tres años màs tarde, cortaba la ensalada en la cocina, escuchando a la esposa de uno de los amigos de la iglesia, un loro parlante que nada decìa, lo que le permitìa abstraerse en su mente.
Lavò los tomates, mirando por la ventana a su marido que prendìa el fuego, compartiendo un vino con el amigo, mientras los chicos jugaban a la pelota en el parque.
Seguìa casada por inercia, al igual que con su aburrido trabajo, aunque muchas veces hubiera pateado todo, tenìa màs tiempo libre, su hijo iba doble turno al colegio, tenìa vida social propia, amigos que lo invitaban a todo tipo de eventos.
Ella tenìa la iglesia, los tès de los mièrcoles, gimnasia tres veces por semana antes de entrar a la biblioteca, la iglesia el dominga, alguna salida a cenar con amigos, o al cine con Milo.
_ ¿Te pasa algo Lynn? Estàs pàlida.
_ Nada Greta. Voy al baño de arriba.
Subiò la escalera corriendo, se encerrò en el baño, abriò la ventana porque sentìa que se ahogaba, escuchò una tos a su espalda, pero no se dio vuelta, agradeciendo haber tomado la pastilla, aparte del diu que volviò a colocarle la ginecòloga.

La agarrò de los pelos, tiràndola contra la pared, le bajò los pantalones, metièndosela por detràs brutalmente, acabando ràpidamente, apretàndole las caderas con sus manos enguantadas.
Desapareciò sin hablar, Lynn se higienizò, cambiàndose la ropa interior, que lavò y dejò colgada en su ducha, tambièn se cambiò los pantalones por una pollera.
Esa noche mientras Daniel jugaba en la play en su cuarto, ella lavaba, èl secaba, cuando terminaron, la tomò de la mano sentàndose con un cafè en la mesa de la cocina.
Escuchò a su marido como en tercer plano, explicàndole que se enamorò de su socia en el estudio, que querìa separarse, que mañana por la mañana se irìa a un hotel para no incomodarla.
Lynn quedò estupefacta, no sabìa como reaccionar, si reìr, llorar o partirle la frutera de ceràmica en la cabeza.
_ Ves Lynn, sos frìa.
_ No, no se como raccionar. Soy cornuda, pero no idiota. Te veo Milo, no sos feliz.
_ ¿Què es la felicidad?
_ Algo para lo que no nos educaron.
Esa noche durmiò en el cuarto de Daniel, con un colchòn en el suelo, a pesar de sus protestas.

15
Un año màs tarde divorciada de comùn acuerdo, con una buen dinero para ella por la venta de la casa, se mudò a un departamento amplio cerca de la biblioteca, tambièn del colegio de Daniel.
El divorcio le trajo un alivio personal inesperado, ademàs de que aumentò sus ahorros por la venta de la casa, la nueva novia de Milo, fue aceptada de buen grado en la iglesia, liberàndola de los tès de los mièrcoles.
Claro que se mostrò medianamente indignada, pero segùn su estilo discreto, lauchesco, pero le permitiò alejarse de la iglesia soporìfera, a la que se esperaba que asistiera como a una escuela.
Tambièn mudarse màs cerca de la ciudad le permitiò que no la vigilen a ese respecto, Daniel asistìa con su padre y nueva novia, a la vieja iglesia.
Aunque no lo decìa a nadie, solo investigaba en sus ratos libre en la biblioteca, lugares donde mudarse, con preferencia, cerca de buenos colegios, lo hacìa màs como algo lùdico, que como proyecto.
Cuando se preparaba para cerrar, su jefa, la antiquìsima señora Flores, la llamò a su oficina, puso sobre el escritorio, de modo que Lynn los leyera, unos papeles, con membrete de la biblioteca.
_ Esto es un asunto que tendrìa que ocuparse Ofelia, pero el señor Van Bruck, es imposible. Nunca està ubicable, nos mandò una carta hace como seis meses que querìa donar parte de la biblioteca de su abuelo y padre, grandes coleccionistas. Pero el tipo nunca està, Ofelia tiene parte de enferma, està con gripe.
_ Despreocupate, lo llamo mientras estoy en la biblioteca.
_ Pero vas a tener que ocuparte del traslado.
_ Tengo tiempo libre. Me ocupo de la donaciòn.
Persiguiò al tipo, que no estaba nunca, o de viaje, o de negocios, o esquiando, o en no sè donde, hasta que diez dìas màs tarde, la secretaria del tipo la llamò, concertando una cita para el sàbado a las nueve de la mañana, para hacer el inventario.

16
Llegò a las nueve en punto a la mansiòn de los Van Bruck, ricacho empresario, la esperaba un mayordomo, casi pregunta por batman, porque la casa era real, pero bien escenogràfica, ultra moderna, màs a lo Tony Stark.
El mayordomo, la guiò a un cuarto enorme, vidriado, pero con las cortinas corridas, a una agradable temperatura, gran cantidad de estanterìas con libros.
_ El señor Van Bruck tiene clasificado cada uno de los libros en una base de datos, sobre la mesa hay una copia. ¿Tè?.
Asintiò, impactada, recorriendo los estantes con la boca abierta.
_¿Porquè donarìa estos libros?.
_ Gracias Mario. Responderè a su pregunta, señora.
Le dio la mano al tipo alto, de cabello negro brillante, crespo, entre cuarenta y la muerte, elegante, relajado, se sentò en el escritorio, el mayordomo trajo tè en una vajilla fina, que sirviò, retiràndose.
Lynn escuchaba el monòlogo del tipo, la explicaciòn, hasta que callò, para atender el telèfono, lo escuchò hablar en ruso, al cortar se disculpò.
_ Perdòn, negocios.
Mientras tomaba el tè exquisito, aromàtico, mirò disimuladamente al tipo, tenìa una elegante remera de polo, en el brazo derecho, una marca, roja redonda.
La asociaciòn de ideas, hizo que sus mùsculos se relajaran, las manos aflojaron la tensiòn sobre el plato de porcelana inglesa, soltàndolo.
Corriò bruscamente la silla, para no quemarse, taza y plato se hicieron añicos sobre el piso de màrmol, el rubor cubriò las mejillas, juntò los pedazos, farfullando excusas.
_ No se preocupe, llamarè para que lo junten. _ dijo sòlicito Van Bruck.
Lynn agarrò los papeles, caminò a la puerta, mascullando excusas, que regresarìa con el camiòn adecuado para el traslado.
En un segundo, Vincent Van Bruck la atajò en la puerta.
_Tengo una empresa que se especializa en traslados delicados. Yo me ocuparè.
_ Gracias. Llamo a su secretaria
Saliò casi corriendo, tardò en poner la llave, cuando abriò la puerta, una mano firme volviò a cerrarla, Lluvia la tomò de los hombros, sacudièndola impiadosamente.
_¿Còmo?
Los ojos de Lynn fueron al brazo, cubierto por el traje,  la soltò, antes de subir al auto lo mirò diciendo:
_ Un rico idota, arruinò mi vida
Asomò la cabeza dentro del auto, muy cerca de su rostro replicò:
_ Gracias a mi, tu vida no fue tan aburrida.
Lo empujò con la puerta, saliò del auto, gritàndole en pleno rostro, a todo pulmòn:
_ ¡Me violaste cuando era una chiquilina! ¡Enfermo!
Entrò al auto, en vez de dar la vuelta por la elegante rotonda, hacia la salida, pasò por encima de las flores, saliò a la autopista a una velocidad que fue bajando a medida que se alejaba.
Las làgrimas le impedìan conducir bien, entro en una estaciòn de servicio, llorò con terror, apoyada en el volante.

17
En menos de una semana, arreglò todo para irse a otra ciudad, Daniel, se le unirìa cuando terminara el colegio, le hicieron una despedida en la biblioteca, alquilarìa el departamento, junto con sus ahorros, consiguiò una linda casita en las afueras, pequeña, con dos cuartos y jardìn.
Mientras se acomodaba, en un caos de cajas la mayorìa con libros, escuchò y sintiò a Lluvia detràs, siguiò con lo que estaba haciendo, sin prestarle aenciòn.
_Mi perra en su nueva cucha.
Lynn apoyò la caja en el suelo, se dio vuelta para mirarlo con el traje de super hèroe, pasando de largo, corriò una estanterìa, contra una pared, abriò una caja, apilò libros, sin mucho gollete.
_ Mi perra me esquiva.
_ ¿Tengo que salir del paìs para que me deje de molestar.. señor Van Bruck?
La tomò del brazo con violencia, dàndola vuelta, acercàndola a su rostro enmascarado, cuando hablò tirò su aliento a la altura de sus labios.
_ No me confundas con ese idiota debilucho.
Por una vez no se amilanò, sobrepasando el miedo que sentìa desde joven, le gritò en el rostro:
_ ¡Son los mismos! ¡Estàs loco de remate!
 La agarrò de los pelos llevàndola al cuarto, todavìa desarmado, con cajas por doquier, tironeaba, pero no la soltaba, abriò de un tiròn el placard, la puerta se abrìa en dos partes que eran un espejo de cuerpo entero, la levantò de los pelos, ponièndola delante, le arrancò la ropa, dejando la piel roja por el tironeo del corpiño.
_ Mirate. _ Lynn dio vuelta la cabeza, la tomò de la barbilla obligandola a mirar el espejo. _ Abrì los ojos, o te sacudo un rato.
Obedeciò, intentando mirar hacia arriba del espejo, Lluvia le llevaba màs de una cabeza, era mucho màs ancho que ella, lo escuchò susurrar.
_ Mirate.
Con las mejillas ardiendo lo hizo, la mano de Lluvia rodeaba su cintura, pasò la otra mano por la mejilla, bajando por el cuello, hasta el centro de los  pechos pasando el dedo enguantado por debajo de los senos, se sacudiò un poco.
_ Parecès de diciocho años. Siempre fuiste muy mentirosa y egoìsta, regodeàndote con cuanto te hice sufrir. Eso pasò hace como veinte años.
Se refregò contra ella, sin dejar de hablar.
_ Pasàs por la vida ocultando tu poder meta, pero lo usàs en vos.
_ ¿Què decìs?.
_ Tu poder meta te hace tener este aspecto juvenil
Lynn riò a carcajadas.
_ ¿Como se llama este poder?. Estee, ya se, meta Dorian Grey.
_ No. Detuviste tu crecimiento celular. Detenès el tiempo.


Lynn realizò una finta violenta, desasièndose de Lluvia dàndose vuelta, curiosamente, no intentò sacarle la màscara.
_ Ya lo sabìa. No es ilegal, no sirve para nada. Solo quiero una vida, comùn y silvestre.
_ Sos bastante inteligente, perrita. Tu vida, no es comun y silvestre. No es la que elegiste.
Como años atràs, le pegò una cachetada, que le dio vuelta la cara enmascarada, saliò corriendo a la sala saliò por el ventanal, raspàndose la cola, terminò en medio del jardìn, mirando donde escapar, sin importarle estar desnuda.
Lluvia apareciò a unos cinco metros, Lynn hizo algo que se prometiò no hacer jamàs, pero jamàs era mucho tiempo, atrrorizada, puso la rodilla en tierra, bajò la cabeza, extendiò  los brazos con las manos levantadas.
No es que detuviera el tiempo, simplente detenia las cèlulas de organismos orgànicos e inorgànicos, a unos mil metros a la redonda.
La miraba con los brazos cruzados sobre el pecho, caminò hasta quedar frente a ella que tenìa cara de asombro.
_ Mi traje fue creado contra ataques de armas bilògicas, hice unos ajustes para que te incluyera. Sos un arma biològica, muy sofisticada, con un trasero esplèndio.
_ Hijo de puta. ¿Cuàndo vas a dejarme en paz?
_ Nunca. Quiero que mis cachorros sean tuyos.
_ ¿Perdiste el juicio por completo?
Desapareciò, dejàndola sola.

18
Con sus ahorros, alquilò un local que transformò en librerìa, especializàndole en antigüedades, ediciones especiales, el negocio era lento, pero cada transacciòn, la metìa en una bùsqueda que disfrutaba, hizo cursos, aprendiò francès y latìn
Una tarde antes de cerrar, miraba llover por la ventana, Lluvia se materializò, la esposò, sin resistirse, la apoyò en la estanterìa de madera llena de libros, arrancò la bombacha, se la metiò apretàndola contra èl, hasta que eyaculò empujando, haciendo ruidos guturales.
La dio vuelta, mientras se acomodaba la ropa, con la otra mano acariciò la mejilla.
_ Tendràs mis cachorros.
Le sacò las esposas, ella se arreglò la ropa, al regresar ya no estaba.
Dos meses màs tarde, se hizo un test de embarazo que dio positivo.

19
Cinco años màs tarde, Lynn tenìa dos varones y dos niñas de Lluvia, la ùltima, apenas un bebè de dos meses.
Se levantaba cada dos horas para darle de mamar, hecha un zombi, pero era lo mejor que le pasaba, ser madre de muchos hijos, la convirtiò en otra persona, arropò a la bebè, al darse vuelta Lluvia la miraba enmascarado como siempre.
Sabìa lo que buscaba, en silencio lo tomò de la mano llevàndolo a su cuarto, se recostò en la cama, la tocò de manera placentera, asì la habìa dejado embarazada una semana despuès de nacido el primer hijo, algo biològicamente imposible, segùn el mèdico.
La penetrò movièndose despacio, lo empujò hasta quedar arriba, gozando, porque era lo mejor de su vida.
Muchas veces se quedaba, ese fue el dìa, cuando la bebè reclamò su presencia se levantò trayèndosela, aunque no querìa le dio ternura, lindante con el ridìculo, ver al enorme enmascarado, con capa y todo con la bebè, tocàndole la carita con el guante.
Se la puso en el pecho, tocàndoselo suavemente.
_ Cuatro cachorros estàn bien. Son metas, como nosotros.
_ ¿Jamàs te veràn la cara?
_ No es necesario. ¿Sos feliz, perrita?
Si decìa que no, mentirìa, porque para Lynn vivir esa extraña vida, le resultaba magnìfica, jamas lo admitirìa.
_ No. Te odio.
Lluvia se riò a carcajadas, burlàndose de ella.


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